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31 dic. 2012

El ciervo en el jersey de lana 2.

(El final de la historia. Para 
leer la primera parte click). 

Avec le music.


Cuenta la leyenda que en los buenos momentos se juntan las almas, y que cuando esto ocurre el mundo se ilumina un poquito más. Así que aquella noche, sentadas en un sofá frente a un televisor, y rodeadas de mayores abandonados por el mundo, Pam y Tat arrojaron un haz de luz al lugar y contagiaron a hombres y mujeres con sus sonrisas.
La joven miró a su abuela con cariño y recordó un día en la playa, cuando bajaron a la arena y construyeron un castillo enorme que después se llevaría la marea. (Quién sabe si algún pez acabó viviendo en él). Entonces tenía la cabeza en perfecto estado, era capaz de memorizar una lista entera de teléfonos y decirlos al revés, y jugaba con su nieta a leer párrafos al azar de sus libros favoritos.
-Abuela -susurró mientras terminaba de pelar la última de las uvas para que Tat no se atragantara. -¿Sabes que he conocido a un chico? 
Se sonrieron pícaras, la experiencia y la impaciencia una al lado de la otra. Dos mundos contrapuestos que se compenetraban a la perfección. La enfermera ayudó a la anciana a sentarse en el sofá y fue a atender a un hombre que la llamaba.
-Bonito año este ¿verdad? -preguntó la abuela Tat. Lo cierto es que apenas lo recordaba, pero seguro que había sido esplendido. Porque seguía viva. Porque podía hablar. Porque miraba a su nieta y sabía que ella lo había disfrutado más que nadie.¿Cuántos años tendría ahora? ¿Diecinueve, quince, treinta? Ya no recordaba como variaban los rostros con la edad. Solo tenía la certeza de que ella era vieja, muy vieja.
-Pues no ha ido muy bien, abu. Muchos recortes, el pobre cada vez más pobre y el rico cada vez más rico. Miras las noticias y te entran ganas de gritar: "¡Paren el mundo, me quiero bajar!" Guerras, desahucios, robos, violaciones, asesinatos... 
Los cuartos de campanada empezaron a sonar. Los del asilo se inclinaron en sus asientos y cogieron la primera uva para llevársela a la boca.
-Y sin embargo, tú aún eres capaz de sonreír. No tengo idea de lo que ha pasado, Pam, porque apenas veo las noticias, pero ¿Sabes qué? Seguro que alguien ha pintado un cuadro, ha bailado bajo la lluvia, ha tenido un hijo o se ha enamorado -le dio un cozado e imitó al resto de sus compañeros de hogar. Pero antes de que sonara la primera campanada, ella ya se había llevado la uva a la boca. Siempre fue un poco tramposa.
-Lo que pasa es que eres una soñadora, abuela.
-¿Eso? - Cogió la tercera y se la tragó sin masticar. Qué más daba si se atragantaba. - Eso lo seré siempre.
Doce. Ellas. Once. En un asilo. Diez. Alejadas del mundo. Nueve. De la realidad. Ocho. Como dos almas gemelas. Siete. Llenas de esperanza. Seis. De ilusión. Cinco. De felicidad. Cuatro. De deseos. Tres. De ansias. Dos. De vivir. Uno. Y de soñar.
-Feliz año nuevo Tat.
-Feliz año nuevo Pam.
Se abrazaron y supieron que todo iría bien. Porque estaban juntas.
Y eso era lo más importante.

27 dic. 2012

El ciervo en el jersey de lana 1.

(La segunda y última parte la 
leeréis en fin de año). 

Avec le music.


El niño se monta encima del patinete y empieza a correr detrás de su madre. Ella lleva unos pantalones rojos y un abrigo de lana negro que oculta su silueta. Está bebiendo un batido de chocolate y tiene las uñas de las manos pintadas de marrón. Un marrón oscuro y ceniciento. Se gira para apremiar a su hijo, y el pelo rubio se mueve con ella (es tan largo que parece una cascada de oro cayendo sobre sus hombros). Pronuncia algo, pero no se oye. Seguramente estará regañándolo por lo lento que va.

-Vamos, señora Tat. 
La mujer aparta los ojos de la ventana y los clava en la enfermera. No recuerda su nombre. No recuerda que hace allí ni que día es. Pero no le importa. A veces es feliz sin saber las cosas.
-¿Señora Tat?
Esa es ella. Es una de las pocas cosas que recuerda. Asiente, se levanta y sigue a la enfermera hasta una sala enorme, con un suelo de madera en el que puede deslizar las zapatillas sin problemas. Hay más personas allí,  algunos duermen con la boca abierta y otros juegan a las damas, pero todos la miran cuando entra. Incluso después de tantos años, Tat irradia algo especial que hace que la gente se vuelva a observarla. La enfermera espera a que la mujer llegue a su lado y le habla de nuevo.
-Tiene visita. 
La visita lleva un jersey de lana ancho (igual de ancho que el abrigo de la mujer de los pantalones rojos) con un ciervo marrón en el centro, un gorro con orejeras y una nariz enrojecida por el frío. Su pelo también es rubio, pero está corto, tanto que apenas le tapa las orejas. 
-Esta es Pam, señora Tat ¿La recuerda?
Tat sonríe y sus ojos relucen por primera vez en muchos meses. Claro que sí. Como olvidar aquella mirada de hielo que tan pocos han logrado penetrar. Es Pam, su niña, su dulce sol, su alegría. 
-He traído unas uvas para las campanadas de fin de año, abuela -dice, y sus labios color carmín sonríen en un gesto que solo le dedica a ella.
La abuela Tat ha rejuvenecido más de treinta años. Porque cuando se pensaba abandonada entre aquellas mentes arrugadas, olvidada en un lugar recóndito de la memoria, su nieta ha decidido pasar el fin de aquel año con ella. No hay nada que pueda hacerla más feliz.

30 sept. 2012

Alguien que te vea perfecta.

Recuerdo cuando te miraban y decían que no entendían tu forma de ser, criticaban tu cabello, tu ropa y te escupían a la cara. Esos ojos de hiena clavados en tu médula, los murmullos entre ellos, una media sonrisa de superioridad. Todo lo que te hizo tanto daño y te hizo creer que estabas por debajo de ellos. 
Has crecido arropada entre desilusiones, cayendo cuando te levantabas, y soportando bajo ti la losa de unos estereotipos que nunca fueron contigo. Porque eras demasiado gorda, demasiado callada, porque no salías los viernes noche y te quedabas bajo la cama al amparo de unas cuantas letras en las que te hundías.
Escúchame bien, pero haz oídos sordos a los otros, aquellos que te insultan y te gritan, que te rechazan por lo que eres. Escúchame bien, eres única, eres increíble, digan lo que digan los demás.
Y no llores por sus palabras, no te sientas mal cuando se rían de ti, porque tú sola eres capaz de escalar montañas, de llegar a lo más alto y clavar tu bandera entre las nubes. A lo mejor aún no lo sabes, a lo mejor aún hoy piensas que no vales, pero un día llegará alguien que te rescate y te haga sonreír con una sola mirada, alguien que sepa todo lo que vales. Un día llegará alguien que te vea perfecta, y entonces tú podrás creértelo también, y te darás cuenta de que todos los demás estaban
EQUIVOCADOS.


6 sept. 2012

El mono que olvidó lo que era.

En medio de un Universo en silencio, los monos aprendieron a hacer fuego y creyeron que con él podrían alumbrar la felicidad, crearon la rueda y pensaron que ella les llevaría hasta el destino, inventaron la moneda y cayeron en las garras de la avaricia estando seguros de que se controlaban a sí mismos. El mono que aprendió a andar se hizo fuerte, ingenioso y hábil. Acabó con vidas por lujo y no por supervivencia, y sonrió con suficiencia hacia las especies que aún se escondían en la maleza. 
En medio de un Universo en silencio, los monos mataron para conservar el poder, reinaron sobre castillos imbatibles, se vistieron de seda a la espera de parecer más apuestos, pintaron cuadros sobre Dios para ganarse su perdón, descubrieron continentes y destrozaron ideales. El mono que aprendió a construir máquinas de vapor llegó lejos y decidió calzarse un bombin a la cabeza. Desarrolló enormes sistemas de mercado y movió números invisibles, construyó cohetes para ir a la Luna, y en el viaje creyó haber rozado con la punta de los dedos las estrellas, pero fue solo un sueño.
En medio de un Universo en silencio, los monos se olvidaron de lo que eran.
(Esa fue su perdición).

19 jun. 2012

Pam era tan pequeña y el mundo tan grande...

Pam esta harta de ansiar la perfección, porque sentía que, cuanto más tenía, más se ahogaba. Algo se asfixiaba dentro de ella, algo que le estrujaba los sesos y le creaba grandes nudos en el estómago. Así que un día se armó de valor y decidió que iba a probar. Probar a ver que pasaba cuando se rompían un puñado de normas, probar a no salir con todos los pelos perfectos a la calle, ni con la falda que se llevaba de moda. Porque estaba harta de fingir ser cosas que no era. Delante de sus padres fingía, delante de los profesores fingía, hasta cuando iba por la calle, dónde nadie la conocía, fingía ¿Y qué si no era guapa, o obediente, o no hacía lo que estipulaban todos? ¿Por qué tenía que aprenderse una lista de nombres de los que no sabía nada, o ser una falsa para triunfar? 
Pam prefería explorar en los universos por las noches, cerrar los ojos y escuchar las notas musicales de un millón de canciones, y que le relataran historias para que pudiera soñarlas. Pero no había nada de eso, y cuando despertaba tenía que ir al colegio, y escuchar una barbaridad de sandeces, y aprendérselas después, y por las tardes, cuando ya era libre, recordaba las palabras de unos cuantos superficiales y se miraba al espejo y se decía ¿Quién mierda soy?
Porque ni ella lo sabía.

5 jun. 2012

Abrazos cálidos como un atardecer.

Toda mi vida he estado buscándote en cada gesto, en cada esquina y bajo las mesas del bar que hay en frente de mi casa. Pero ni allí te he encontrado. Entre las cosas que busco, están tus ojos azules como el mar, tu pelo rizado lleno de dorados y castaños y tus abrazos, que son más cálidos que un atardecer. Agachó la cabeza cada dos segundos porque pienso que estás entre las piedras, o en la hierba que crece en los adoquines y que ahora se torna más mustia que nunca. Pero no estás. Nunca estás.  A ver si algún día de estos me tropiezo contigo por el camino, y nos fundimos en un beso de esos de película que tanto nos enamoran.

20 nov. 2011

Alarguemos el adiós lo máximo posible.

Hoy es el final, la última oportunidad, así que vamos a hablar de tu a tu, vamos a mirar las cosas desde una nueva perspectiva, que desde que te conozco solo has observado el mundo un metro y setenta y cinco centímetros por encima del suelo. Vamos, ven y dame la mano, que en cualquier momento podemos echar a volar, y cuando estemos ahí arriba, casi entre las estrellas, y el silencio lo inunde todo, podremos escuchar de una maldita vez lo que nos dicta nuestro corazón. Cuando bajemos, ya no seremos nada el uno para el otro. Nos separaremos como dos imanes que han alcanzado a la vez el mismo polo y no nos volveremos a ver jamás.
Pero mientras tanto, por favor, 
alarguemos el adiós lo máximo posible. 

26 sept. 2011

Ahora ven tú y dime que no la quiero.

No sabes lo que es despertarse cada mañana con sus ojos en la cabeza, esos que quedan entre el oliva y el fango, que te dedique una de sus sonrisas junto a las que no hay nada que no valga la pena. Que he pesado gramo a gramo cada peca de su rostro imperfecto, he dibujado sus mejillas y sus cicatrices, cada arruga en la piel como si fuesen secretos. 
Y no me digas que la miré, que vea como coge la taza con el dedo índice y el corazón mientras aguarda a enfriarla porque cierro los ojos y me lo sé de memoria. Que conozco su sonrisa en todas las escalas, cada gesto y cada susurro, el timbre de voz que utiliza en cada una de sus palabras, el temblor en el labio inferior porque sabe que no puede llorar por cosas que no valen la pena. 
Sé que cuando está nerviosa hunde los dedos en su pelo crespo, que hace ademán de hacerse una coleta y al final se queda siempre en el intento. La he visto vivir, la he visto amar, la he visto sentir y he sentido con ella. 
Así que ahora ven tú, que te la has quedado como si fuera un capricho, que te desprenderás de sus olores cuando te aburras, que retirarás cada pelo de tu chaleco en el que hundió su rostro para sentirse querida. Ahora ven tú y dime que no la quiero, que jamás la amé, e intenta buscar verdades donde sólo hallarás mentiras.

4 jul. 2011

The MemoryLess (fragmento)

Alejandra se quedó parada varios segundos observando el Porsche descapotable que había aparcado en la puerta. Vio que el conductor del coche era un hombre de mediana edad, con una cabellera cubierta de canas y la mirada perdida en algún punto de la carretera. Era la primera vez que lo veía, de eso estaba segura, pero había algo conocido en aquellos rasgos que le causaba una punzadas de añoranza. Alejandra mantuvo la vista fija en el él durante varios segundos y después buscó la señal de un posible copiloto. No tuvo tiempo de observarlo; inmediatamente se topó con sus ojos oscuros que la miraban con descaro. La joven reprimió un estremecimiento, pero no apartó la vista. Sintió algo extraño, una especie de sacudida eléctrica, como si todos sus músculos se hubiesen puesto alerta. Aquel chico, de aproximadamente dieciséis años de edad, se había levantado del asiento e iba hacia las escaleras del colegio. Justo donde ella se encontraba. 
Alejandra se quedó paralizada, presa de aquella mirada hostil y, de repente, algo penetró en lo más hondo de sus pensamientos, dejándola inválida y vulnerable. Llevamos mucho tiempo buscándote. Se oyó en su mente, y en ese mismo instante supo que tenía que correr, correr como si fueran a quitarle la vida. 

Esta es una pequeña  parte de una novela
que he estado escribiendo en los últimos
días. Espero que os guste. 

20 abr. 2011

Como un pirata de verdad.

Hacía maquetas de barcos pero no las encerraba en botellas de cristal
Soñaba con convertirse en navegante de mares, en corsario o solo, si no le quedaban más opciones, en pirata. Tenía un mapa de navegación que había hecho con su compás de las clases de plástica y papeles pintado con acuarelas color marrón, para asemejarse más a los pergaminos que ellos utilizaban. Le gustaba quemar los bordes y dejarlos secar en un rincón de la azotea, con las pinzas de plástico de mamá. 
Cuarenta años después, una tarde de trabajo en casa, de componer historias de barcos -para rellenar ese hueco de las ilusiones que nunca se habían cumplido-, pasaron ante su ventana dos niños con pañuelos en el pelo, un barco pirata de juguete y dos papeles pintados de marrón con acuarelas.
Y le hizo tanta ilusión, y volvieron tantos recuerdos, que salió ya para todos viejo y maltrecho y empezó a jugar junto a ellos sin reparar en edades ni en tiempo.
Después de tantos años, aún Neptuno le recuerda.

17 abr. 2011

Cigarettes II

Dean sintió como algo le recorría por dentro. Un tormento de sensaciones, de palabras, de lágrimas en los ojos. Se quedó quieto durante un tiempo indefinido hasta que el nudo en su pecho desapareció, dejando paso a un vacío que lo dejó inválido, a punto de caer. Nunca tendría que haber llegado a aquella puerta, nunca tendría que haber dejado que aquella tormenta de sentimientos entrara dentro de él. Se lo había cuestionado muchas veces, preguntado hasta la saciedad, había robado casi todo su tiempo, suspiros y quitado el sueño, pero ya tenía la respuesta, y la respuesta era no. 
Nunca había sido capaz de reconocerlo, y pese a que iba de duro por la vida, atrayendo a todas las mujeres del mundo con aquel pelo crespo y los pañuelos blancos, era tímido, oculto en sí mismo, incapaz de dejar que los sentimientos dieran muestra alguna en su rostro. Para no mirarla mientras estaba con él, para no soñar con cosas imposibles (la negatividad era su signo característico) se refugiaba en libros, aunque casi nunca leía, cerraba los ojos y no hablaba, porque si lo hacía estaba seguro de que el "te quiero" saldría de sus labios. 
Y ahora la espada clavada en su pecho, los ojos anegados en lágrimas, paralizado como si hubiese sido convertido en piedra, observaba tras el marco de la puerta sin que nadie reparara en él. Se sentía mal, fatal, porque allí estaba Alma.
Estaba Alma besando a otro. 

¿Quieres conocer a Alma y a Dean? Mejor empezar por el principio.

26 mar. 2011

Cigarettes I

Alma aquella tarde a la batería, con Dean sentado en el sofá vintage, se dio cuenta. Él nunca sería su héroe, siempre tendría que compartirlo con los demás.
Ambos formaban la pareja perfecta, dos chicos duros de gafas de sol, cigarros en la boca y pastillas de menta para los dolores de cabeza. Oscuros en su pasado y fríos en su presente, rechazadores de cualquier ofrenda del amor y ligados a las baterías y a los grupos de rocks. Nadie sabía nada sobre ellos, pero todos habían oído hablar de sus historias alguna vez. Eran como dos héroes entre las sombras, de esos que hacían justicia por los demás y nunca por ellos mismos, que giraban la cara cuando alguien les iba a hablar y no pronunciaban palabra, como si estuviesen mudos. 
Sin embargo, una vez solos, el mundo se reducía a la monotonía del silencio y a las peripecias de historias que narraban sobre un pasado inventado. Alma tocaba nuevas canciones y Dean leía libros sobre el universo. Nunca intercambiaban palabras, ni se miraban a los ojos, ni sonreían, y cada vez que ella le miraba, sentía un punzada de dolor porque siempre estaba haciendo otra cosa, porque no se molestaba en alabarla ni en susurrarle cosas al oído. Y por las noches, en la cama, se preguntaba si su amor por él era o no correspondido.

28 feb. 2011

La manzana roja de Isaac.


Recuerdo a Isaac sentado en las raíces de un árbol que coleccionaba años y los guardaba en forma de aros dentro de su corteza. Aquella tarde cogió una manzana del suelo y la miró ensimismado, recorriendo cada recoveco de su piel, cada matiz de color y las heridas que la tierra le había proporcionado. He de aceptar que nunca entendí la forma en la que trabajaba su mente y que, en sus conversaciones, me perdía incluso antes del comienzo. La mente de aquel chico nunca se encontró al alcance ni de mí, ni de nadie. Era como una caja fuerte llena de secretos. Por aquellos entonces, estaba ensimismado con Newton, del cual decía haber heredado el nombre y las ganas por descubrir más. Se había leído su biografía y soñaba con descubrir un nuevo planeta en la inmensidad del universo.
[...]
Fragmento de  "La manzana roja de isaac". Srta. Alicia Alina.

25 dic. 2010

Góndolas (y París)

Este es un fragmento de la novela en la que me encuentro inmersa 
ahora mismo, la he empezado hace poco y el nombre provisional es "habitación 14" 
si sigue marchando bien os dejaré otros fragmentitos.

Holly se había puesto unos tacones negros que solo se encontraban en el centro de Madrid y unas medias negras que no ocultaban la silueta de sus piernas. Mientras caminábamos por la calle sentía la mirada de miles de personas clavadas en mi nuca. El café no estaba abierto, así que dimos varias vueltas a la manzana y al final nos quedamos en el parque, sentados en los columpios. Hablamos de su pasado en París y de las ganas que tenía de volver a ver la Torre Eiffel. Yo en cambio me moría por Venecia y por sus góndolas sobre el agua.  Me sacó una foto que llevaba en el bolso donde se la veía inclinada hacia delante en una, saludando a la cámara, a punto de caer. Y sonriendo. Siempre sonriendo con esos labios color carmín que le iluminaban la mirada. 

17 oct. 2010

Hemos tirado (las ganas de llorar) por la ventana.

Fuimos a la tienda de antigüedades y compramos relojes de segunda mano que daban mal la hora, así el tiempo no existiría y podríamos hacer lo que nos diese la gana. 
La volkswagen roja, ese rojo chillón y escandaloso que yo te dije que pusieras (y lo pusiste, tardaste pero lo pusiste), el colchón caro que tuvimos que ir a buscar a la tienda y que cargamos en una vaca invisible. Recuerdo que fui yo la que busqué la colcha de estampados que tan poco te gustaba. 
No queríamos sumirnos en una rutina diaria. 
Reíamos y salíamos las noches del sábado, sin miedo, sin peligros, estudiábamos en la pequeña mesa de cristal el uno frente al otro, y al final, de tanto mirarnos, tú te ibas a la cocina y yo al dormitorio. 
Pensamos que las cosas buenas nunca cambiarían, que nuestro estado de amor y de felicidad sería el mismo para siempre y que cada mañana nos despertaría la respiración acompasada del otro.
Ahora somos una pareja más, con nuestro pequeño espacio en el mundo, con un apartamento en el centro de la ciudad y un coche con el que llevamos la compra a casa. Los relojes de segunda mano han sido arreglados, hemos crecido y ahora cada uno se centra en sus trabajos. Las noches de primavera son solo noches y los cuadros cosas para decorar. Es cierto que la vida pasa, que las cosas cambian... 
Pero nosotros hemos tirado las ganas de llorar por la ventana. 

25 sept. 2010

Lienzos abstractos y verde oliva

"Adam pulula de aquí para allá todo el día, pero nunca sale de su casa.  Decoran las paredes grandes lienzos de dibujos abstractos que nadie comprende. La pared salpicada, como si miles de cubos de pintura hubiesen caído sobre ella bruscamente. Más que suciedad, más que dañar a los ojos, los colores han pasado a formar parte de la decoración del lugar y ahora recogen conversaciones con cigarrillos en las manos, besos y caricias e incluso secretos susurrados en voz baja.
     Adam arrastra las zapatillas que un día le regaló su madre y que aún no ha tirado por pena y porque tienen acumulados demasiados recuerdos. Lleva boina cuando quiere, aunque a veces se le cae y ni siquiera se da cuenta. No va con camisas de rayas rojas y blancas, ni tiene bigote negro peinado con gomina. Tampoco lleva pantalones ajustados ni tiene acento francés. Pero todos saben que es un artista.
     Adam canta canciones en la ducha recién inventadas, cena solo a base de ensaladas y de tarros de mermelada amarga y bebe agua porque dice que lo que menos destaca suele ser, siempre, lo más sano. No le gusta dibujar bodegones porque dice que pintar la realidad es algo absurdo y lleva siempre un pincel manchado de verde oliva en el bolsillo exterior de su chaqueta. Ha reemplazado la cortina por papeles de periódico con letras de imprenta y manchados de café. No usa posavasos ni manteles porque cree que no le merece la pena. Come a ratos, a veces una magdalena y otras una manzana que hay en la frutería de debajo de su casa. En su vida no hay rutina diaria, se levanta y se acuesta cuando quiere pero nunca llega tarde al trabajo.
     Adam es un desastre, sí, pero es Adam. Y no hay nadie como él. 

Este es el fragmento de una historia que estoy escribiendo ahora,
es algo peculiar y no se estructura como una novela
 normal, eso es todo lo que  puedo decir hasta ahora de ella. 

16 sept. 2010

Las sirenas (no) saben soñar.

- Los adultos viven en peceras...
- Ya me había dado cuenta.
-  ...y los niños viven en océanos, como las sirenas, con miles de sueños.- completó.
- Eso no es cierto.
Ambos se miraron, sentados en las escaleras de la puerta de su casa.
- ¿A sí?¿Por qué no es cierto?- enarcó una ceja.
- Porque los niños viven en un metro cuadrado, pequeño, pequeño, todos amontonados. Quien desea salir de ese metro cuadro es raro, quien sueña con soñar... es raro.
- ¿Un metro cuadrado? ¿Un metro cuadrado de dónde?
- De ese puñetero océano.

6 sept. 2010

#1- La chica del paraguas azul

"¿Quién es esa, la chica del paraguas azul?"
¿Cuales son sus sueños?
¿Qué es lo que oculta?
Cuando la realidad se convierte en irrealidad y los sueños en pesadillas aparece ella... y todo lo que conociste deja de existir.
Max parpadeó. Una, dos, tres veces. La oscuridad empezaba a desaparecer con algunos rayos de luz que se colaban por las persianas corridas. Intentó recordar el sueño de aquella noche, pero fue algo totalmente infructuoso, las imágenes que antes habían aparecido nítidas ahora se convertían en figuras borrosas e indefinidas que no podía ver. 
Escrutó a su alrededor y cayó en la cuenta de que no se encontraba en su habitación, sino en una estancia casi vacía y comida por el tiempo donde varias cajas cerradas y con palabras escritas a bolígrafo azul descansaban tranquilas. Se pasó una mano por el pelo, retirándoselo de la cara, mientras rememoraba lo ocurrido la anterior tarde. 
Ahora se encontraba en su nueva casa, un enorme y bonito local construido en aquel pueblecito perdido entre montañas. Habían partido temprano, él y Brian en el Volvo rojo, Victoria y Charl en el TT, con miles de  cosas en el maletero y en los asientos traseros. 
Max se desperezó y se levantó costosamente, sintió como todas las partes de su cuerpo crujían, quejándose.  El olor a tostadas con mantequilla se olía desde donde él se encontraba, y su estómago rugía pidiendo comida. La voz de Charl salía de la cocina y Vicky reía, sentada seguramente en una silla de madera. 
"Aquí estamos" y dando un paso hacia delante se adentró en la cocina.

Edito entrada: Por los cien seguidores no voy a hacer ningún concurso, aunque me gustaría que enviaseis vuestro propio marcapáginas diseñado a globosagua@gmail.com
Animaos y hacedlo. Pueden ser dibujos vuestros, fotos retocadas, o lo que queráis que tenga que ver con este blog (globos, letras, esperanza...) tenéis hasta noviembre para hacerlo, a medida que vaya recibiendo iré poniéndolos en el blog para que los descarguéis y los imprimáis.  Tened por seguro que si me los mandáis saldrán, y que no dejaré ninguno en "la retaguardia". 
¡Vamos! Recordad, hasta noviembre.

23 ago. 2010

Bicicletas y flores de papel.

Gracias a Natt por este premio tan lindo: Blog un pedacito de cielo. Las reglas en este link.

Cogieron las bicicletas y salieron a dar un paseo cuando la marea estaba alta. Ella se llamaba Pamela y él se apodaba Matii. No tenían idea de quien eran el uno para el otro y sin embargo sabían que algo más que tardes y puestas de soles los unían.
Pamela decoró aquella tarde su bicicleta con una flor de papel de periódico, llena de letras ilegibles y distorsionadas por gotas de café. Matii sacó un cigarro de su cartera y empezó a fumarlo lentamente, haciendo arcos de humo que se escapaban en el aire.
Uno odiaba el silencio, el otro lo amaba. Uno ansiaba la soledad y el otro era incapaz de soportarla.
Tan diferentes, tan distintos, pero capaces de fusionarse y convertirse en una sola cosa, capaces de soltar carcajadas a la vez por temas sin sentido y que ni siquiera hacen gracia.
Efímera coincidencia, efímero destino.
Hechos el uno para el otro.

18 jun. 2010

Erase una vez...


Erase una vez una niña justito al lado de su cama. Erase una vez una niña que solamente sabía escribir anáforas sin sentido, metonimias sin reglas y sin ganas de nada. Erase una vez una niña que suspira con los globos escurridizos, que huían hacia el cielo de manos pequeñas que los asfixiaban. Erase una vez una niña que lloraba sin que nadie entendiera porque lo hacía. Erase una vez una niña que escribía cosas filosóficas y absurdas que tenía en la cabeza sobre una libretita rosa que le parecía tonta.
Y se quedó con sus pensamientos en la mano.
Sin nadie que fuese capaz de entenderlos.

2009-2017. Todos los derechos reservados a Ali Alina.