22 ene 2010

Crónicas de estar por casa III

Si quieres que me estremezca, no voy a hacerlo.
Me encamino hacia la ventana y oteo el horizonte distorsionado por la lluvia. Nada; como siempre. Solamente veo un árbol casi desnudo que acumula nieve casi derretida por el invierno. Un coche pasa ante mí, manchándome de prisas. Me sacudo, pero el traje blanco ha quedado convertido en el cuello de una jirafa que habita en la sabana. Tomo el té, y de repente dan las cinco. Me acuerdo entonces de que dejé mi zapato de cristal en la puerta del vecino, esperando tal vez que saliese y llamase a mi timbre, pero de nuevo no oigo más que el sonido de un pájaro que canturrea en la copa del árbol, muerto de frío.Me enfundo en mi albornoz y salgo de la habitación a oscuras, tanteando, dejando el vestido blanco en el alféizar, fundiéndose con el paisaje blanco y negro de aquella tarde desdichada.

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