6 mar 2010

Crónicas de estar por casa XII

Nos sentimos solos, cansados.
Terminó de cocinar y se lavó las manos con el trapo sucio que ya debía de haberse lavado. No tenía ganas de nada, solamente quería quedarse dormida hasta que se terminara el día y, entonces, renacer de nuevo. Ojalá las cosas le fueran mejor mañana. Las noticias se volvían pesadas, angostas e insoportables. Trágicas noticias se aglomeraban en la pantalla, peleándose, casi gritando e intentando cobrar un mínimo protagonismo. Que lástima. Se sentó en el sillón, mando en mano, haciendo un zapping infructuoso. Los ojos se le cerraban, los párpados se volvían pesados, las pestañas eran como rejas ante su iris. Pero debía seguir despierta. Llegó a las doce de la noche, él se quitó el chaquetón y lo dejó colgando en la percha. La oscuridad quedaba rota por la luz que se colaba en el espacio abierto de la puerta. El sonido de la televisión - una película de indios- se oía como música de fondo. Sonrió. De nuevo se había quedado esperando. Entró en el salón, la arropó con una manta y le dio un beso en la frente. Ella se despertó desconsolada y se arrepintió por haberse quedado dormida. No era más que un gesto, unas buenas noches, solamente el intentar verle después del trabajo, pese a que el cansancio se le cayese encima.
- Buenas noches...
Ojalá el día de mañana sea mejor, ojalá podamos ver un atardecer juntos, apoyados en el alféizar de nuestra ventana.

2009-2017. Todos los derechos reservados a Ali Alina.