12 nov. 2019

El cristal de la cafetería

La mujer tras el cristal lloraba. Su rostro lo cortaba un trozo blanco, reflejo de una lámpara del interior. La observó en silencio, con la comida aún entre los dientes, sabiéndose participe de algo que no le pertenecía.
Imaginó la historia tras aquella mujer y supuso que se encontraba sola. Sin consuelo, pero sin miedo a que los demás vieron su desazón. No se enjugaba las lágrimas que caían; solo las dejaba correr como uno deja correr a un río, sin capacidad para pararlo.
Lo que la observadora no sabía, era que a ella también la miraban.
Dos pares de ojos iguales de perdidos que los suyos, en la búsqueda eterna de encontrarse en otro.

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