I
Caos
Caos dentro de los párpados, moviendose,
abránse los ojos y descubrase debajo, la hecatombe
del yo. El subconsciente. Totalmente destartalado y roto como una ruina vieja, en la amalgama
de estar vivo y de no estarlo de querer morir
de querer seguir existiendo.
ya me moriré de viejo y mientras tanto
el esperpento.
La gracia inexistente, de la podredumbre, del olor a
pristino, a puro limpio y blanco, olor a hospital pero a basura.
Y echas de menos la barbarie, del pasado, echas de menos el dolor de la cama y de los pantalones
vaqueros
mirados desde tu perspectiva, con doce años.
Porque eso eres al final. La vela encima de la tarta consumida, vaporizada sobre el recubrimiento de azúcar, golosina que empalaga el paladar.
Eres tu cumpleaños, el día de tu cumpleaños, el estruendo del aplauso, la disociación
de ver en fantasmas los rostros
del entorno
del escualido deseo
que grita.
Totalmente en silencio y solo. Olvidado del género, del yo,
ni hueso solo cartílago
seco, masticable. Macabro.
II
Y el recuerdo,
es como un cristal que refleja la luz
no se percibe lo de dentro
pero la silueta de fuera
recortada
sin rostro
te mira.
Porque al final, seguir siendo la misma
ahora reconocida. Mujer. Siempre volviendo al remitente
volviendo a la máquina del tiempo
cajón olvidado y escombros
y conectando con el infante
con la desamparada, mojada de lluvia, absolutamente sola
llena de gente
dentro de los intestinos, desfilando todos
pero aglutiándose vacíos, la procesión que penetra
y castiga.
III
la tortura del lobulo
teclea como una máquina de escribir
un piano
un palo en una piedra
se hace preguntas, nadie las sabe responder
el leon no habla, el gato no habla
la paloma no habla.
Quien habla. Que sale de tu boca es sonido o es
el golpear el mismo golpear monótono
la cucharilla removiendo el café. Que poético. Que parsimonial, que banal que ruin que vacío. La romantización de.
Bajenme del tren. Pero si me bajo que hago.
Bueno, bajenme igual. Si uno pudiera bajar y no morirse,
si uno pudiese acudir al descanso sin la droga, sin el humo, sin la pastilla,
si uno pudiese evadirse sin inmolarse.
Pero no puede ser. Uno tiene que explotar la bomba y salir sin vida. Sino, es mejor no darle al botón.
Que sarta de chorradas. De sandeces. Que texto más largo que nadie leerá jamás.
El ego.
Al final todo es mentira.
Un corta copia y pega. Una pantalla digital que se apaga, una recreación
al final solo es caos.
Intentar matematizar el universo
y que agobio
cuando la matemática no basta y se sobrevienen
todas las ballenas, el agua, el libro, el corte, el pan con queso
pero que cosa al borde de la lengua
para derribarte
como una bola atada al camión
como un
como un que
como un loco que farfulla, escribe, teclea así como para sacárselo de dentro
lo vomita todo. Ojalá pudiera vomitarlo de verdad
y por el retrete írsele a uno los intentinos, el cerebro, los ojos, desvanecerse convertirse en una pasta víscosa y salir
así por la tuberia al mar.
Sería bonito, no.
Ja.
Que gracia.
