
Tal vez, si hubieras venido sola, con la rosa blanca en la mano, como hacías siempre, las cosas abrían vuelto a ser como antes.
¿Te imaginas? Recordar aquellos buenos tiempos, no sé... tampoco creo que costase tanto. Tus mejillas sonrosadas, tu sonrisa, aquella forma de llorar tan tonta y conmovedora que tenías. Andar por andar, como hacías tu, salir a pasear aquellas tardes de primavera, quemándonos la piel. Andar por la arena y llenarnos el pelo de la sal del mar, de humedad, regresar a casa con los pies descalzos sobre el caliente asfalto. Oh... cuando salíamos a comer, aquella forma tan rara que tenías de agarrar el tenedor, con tu dedo de uñas largas. Nunca te las pintabas ¿verdad? Si, de eso también me acuerdo.
Es extraño ver todas las cosas que puede sacar uno cuando se pone a pensar, ahora, sentado en la silla, armado de esta pluma negra que tu me diste, con esos colores verdes, propios de una novela romántica y oscura. ¿No es maravilloso ver como cae la tinta, como forma las palabras?
Y también aquellos paseos por la plazoleta, rodeados de niños pequeños que chillaban, hay tantas cosas en las que pensar... recuerdo aquella vez que pasamos ante el kiosco y se te antojaron aquellas chucherías pringosas, y que yo te las compré, casi desesperado. Te veo a tí, mordiendo ese corazón que parecía el mío, tomándote las esponjitas rosas. Sonreías, sonrió yo melancólicamente ahora al recordarlo.
Tantas pequeñas cosas, que en realidad eran lo que te hacían única, inolvidable, maravillosa. Esos detalles tan tontos que hacían que viera en ti una belleza especial. Esa sonrisa, esos ojos... y de verdad, dime ahora que hago yo aquí solo, astio, cansado...
Siento que te fuiste tan rápido, con esas prisas que te caracterizaban... y me dejaste a mí sin decirme adiós, vacío y hueco, con el corazón hecho trizas. Decías que las cosas tenían que llegar, fuese en un momento u en otro, pero tal vez, tal vez... tal vez no hubiese sido necesario... "por favor" Te dije, y no me hiciste caso.