Y se va de repente, como llegó.
Me deja anonadada, absorta en un vacío sin fin y muerto. Porque sin ella no soy nada.
Se acerca a mí y me regala una sonrisa, de esas que llegan de oreja a oreja. Y es como si me hubiera alumbrado con la esperanza, con el amor, con la imaginación y la paciencia de escribir. Pero es cruel al irse de repente.
Porque yo sin inspiración no soy nada.
¿Es este sentimiento un defecto o una bendición?Mi respuesta se la lleva el olvido.