Las pastillas asépticas de Dean.

Dean cogió las pastillas blancas de encima de la mesa y las sostuvo frente a sus ojos. Eran frías y asépticas, llenas de componentes mudos que le causaban dolores de estómago. No le gustaban. Sabían a medicina.
Se alisó los pelos. Después de conducir de aquella forma, las canas se le habían ido para atrás y parecía un motorista de los años sesenta, con la barba sin afeitar y el cabello agitado por el viento. Will (sentado tras  él) le había dicho que acelerara, pero cuando le paró la policía porque corría demasiado de nada le sirvió decir que el hombre causante de aquello estaba a su espalda. El tipo se había esfumado cuando señaló la parte trasera de la moto, ni rastro de él en todo el trayecto.
Tiró las pastillas por la ventana -un buen regalo para el vecino de abajo- y oyó como se hacían añicos contra el suelo de mármol. Una vez, hacía muchos años, vio como una niña se tiraba desde un balcón y se partía en trocitos también, como la porcelana. Ni rastro de sangre, solo una vasija rota que nadie reclamó. Pobre.
-Cariño ¿te has tomado las pastillas? -le gritó su mujer desde la cama.
¡Claro que no se había tomado las pastillas! Pero aquel secreto solo lo sabía él. Él y el hombre de cara pálida del salón, que lo observaba frente al televisor todas las noches mientras veía una película de tiros.

9 comentarios:

Srta. dijo...

Jolín... ¿Qué enfermedad tenía?
Es una pena envejecer o tener una enfermedad, en la que solo se pueda vivir a base de fármacos...

Francesca Alfaro dijo...

Me identificó la historia (:

Ardid dijo...

Tarde o temprano acabamos dependiendo de una droga.

andii* dijo...

Espeluznante. Y genial al mismo tiempo.
Pobre Dean, a veces los medicamentos torturan más que las enfermedades.
Jamás me cansaré de decir que eres una genio. Tus escritos son adictivos, me fascina.

abrazos ( de oso )

Dany nphenix dijo...

Me ha resultado extraña la forma de contar las peripecias de un hombre con las pastillas, pero me ha gustado.
Besos.

Jeny dijo...

Me hizo acordar a alguien

Mayra Alejandra Roa Martinez dijo...

Hay...eso depender de médicamentos para estar bien es muy triste :(

Anaid Sobel dijo...

Pelos de punta.
Y un rostro de un familiar cercano que me recuerda dolorosamente a este protagonista pululando alrededor de mi cerebro.
Escribes extraordinariamente bien querida.

Anónimo dijo...

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