23 abr 2014

Anhelo.

Eres
el vaho que se forma en el espejo
cuando me ducho, y
eres
el pliegue de las sábanas
cuando me giro a buscarte
y no estás, y
eres
la calada de un cigarro
a medio terminar
cuyas cenizas han caído
en la acera
arrastradas por el viento.
Y eres.
Eres.

Para verano traigo un proyecto increíble que espero le de
vida al blog. Este rinconcito parece haber caído un poco
en el olvido y creo que es hora de movernos hacia algo
que pocas (o casi ninguna) veces habéis visto por la net.
Espero que os guste y que tenga tanto éxito o al menos tan
buena acogida como las ganas que yo tengo de emprenderlo.
(besos de purpurina a todos los que aún seguís aquí a 
pesar del tiempo. Sois los mejores).

7 abr 2014

Turbio.

 

Todo está turbio, como una diapositiva mal tomada porque alguien tembló con lo que vio por la mirilla de la cámara. 
De fondo suena un gramófono. O los latidos de tu corazón cuando pongo mi oreja en tu pecho. Ya no lo sé. He perdido la cuenta de los sibemoles y sin ellos no se distinguir los sonidos.
Y la habitación está vacía. Eso sí lo sé. Lo sé porque antes se escuchaban tus pasos y el ritmo afligido de tu respiración. Pero ya no hay nada. Las paredes están cascarilladas y detrás de la pintura blanca se ve tierra color beige que va cayendo al suelo como si fuese un reloj de arena. También hay una ventana pintada de azul marino. Está un poco desencajada pero detrás de ella se ve el mar. Y lo sé porque me acerco, y el silencio desaparece poco a poco, reemplazado por el de las olas al chocar.
(O a lo mejor somos tú y yo chocando debajo del agua una tarde de verano, en un sitio lejos de aquí y de ahora, y se me han mezclado los recuerdos).

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