13 oct 2026

Menuda subida al infierno y bajo en carrito de la compra que vulgar.

I

Caos 

Caos dentro de los párpados, moviendose, 

abránse los ojos y descubrase debajo, la hecatombe

del yo. El subconsciente. Totalmente destartalado y roto como una ruina vieja, en la amalgama

de estar vivo y de no estarlo de querer morir

de querer seguir existiendo.

ya me moriré de viejo y mientras tanto

el esperpento. 

La gracia inexistente, de  la podredumbre, del olor a

pristino, a puro limpio y blanco, olor a hospital pero a basura. 

Y echas de menos la barbarie, del pasado, echas de menos el dolor de la cama y de los pantalones

vaqueros

mirados desde tu perspectiva, con doce años. 

Porque eso eres al final. La vela encima de la tarta consumida, vaporizada sobre el recubrimiento de azúcar, golosina que empalaga el paladar. 

Eres tu cumpleaños, el día de tu cumpleaños, el estruendo del aplauso, la disociación

de ver en fantasmas los rostros

del entorno

del escualido deseo

que grita. 

Totalmente en silencio y solo. Olvidado del género, del yo, 

ni hueso solo cartílago

seco, masticable. Macabro. 


II

Y el recuerdo, 

es como un cristal que refleja la luz

no se percibe lo de dentro

pero la silueta de fuera

recortada

sin rostro

te mira. 

Porque al final, seguir siendo la misma

ahora reconocida. Mujer. Siempre volviendo al remitente

volviendo a la máquina del tiempo

cajón olvidado y escombros

y conectando con el infante

con la desamparada, mojada de lluvia, absolutamente sola

llena de gente 

dentro de los intestinos, desfilando todos

pero aglutiándose vacíos, la procesión que penetra

y castiga.

 

III

 la tortura del lobulo

teclea como una máquina de escribir

un piano

un palo en una piedra

se hace preguntas, nadie las sabe responder

el leon no habla, el gato no habla

la paloma no habla. 

Quien habla. Que sale de tu boca es sonido o es 

el golpear el mismo golpear monótono

la cucharilla removiendo el café. Que poético. Que parsimonial, que banal que ruin que vacío. La romantización de.

                      

 

                                         Bajenme del tren. Pero si me bajo que hago. 

Bueno, bajenme igual. Si uno pudiera bajar y no morirse, 

si uno pudiese acudir al descanso sin la droga, sin el humo, sin la pastilla, 

si uno pudiese evadirse sin inmolarse. 

Pero no puede ser. Uno tiene que explotar la bomba y salir sin vida. Sino, es mejor no darle al botón.

Que sarta de chorradas. De sandeces. Que texto más largo que nadie leerá jamás.

El ego. 

 

Al final todo es mentira.

Un corta copia y pega. Una pantalla digital que se apaga, una recreación

al final solo es caos. 

Intentar matematizar el universo

y que agobio

cuando la matemática no basta y se sobrevienen

todas las ballenas, el agua, el libro, el corte, el pan con queso

pero que cosa al borde de la lengua

para derribarte

como una bola atada al camión

como un 

como un que

como un loco que farfulla, escribe, teclea así como para sacárselo de dentro

lo vomita todo. Ojalá pudiera vomitarlo de verdad

y por el retrete írsele a uno los intentinos, el cerebro, los ojos, desvanecerse convertirse en una pasta víscosa y salir

así por la tuberia al mar. 

Sería bonito, no. 

 

Ja.

Que gracia.