30 ago 2011

El Violinista de Lágrimas 2

La plaza estaba desierta y solamente varias palomas picoteaban del suelo mojado por las últimas lluvias. Mantenía la capucha sobre su pelo liso y castaño, los ojos abiertos lo justo para observar y una sonrisa que se atisbaba en la comisura de sus labios. 
Al principio había pensado que aquella vez iba a ser diferente, pero había sido solo una corazonada. O eso creía. La mujer le había pagado la suma de dinero correspondiente y había desaparecido sin siquiera dar su nombre, pero él sabía que volvería; siempre lo hacían. La curiosidad, la culpa los obligaba a retroceder de nuevo, así que en menos de dos meses el despacho se llenaba otra vez, los clientes preguntaban que tal, cómo había ido, si estaban a salvo e incluso algunos imploraban, pedían el perdón e intentaban pararlo, pero para la mayoría de ellos ya era demasiado tarde. 
Lo que pasara después no lo preocupaba. Sabía hacer su trabajo en silencio, oculto entre las sombras, y jamás lo descubrían. Nunca daba un nombre real ni enseñaba el rostro, y que decir de los trucos que se guardaba siempre en la manga. 
Seguro que más de un ladrón habría matado por tenerlos. 

25 ago 2011

Nunca izabas tu bandera.

Cuantas veces le diste la espalda a los sueños, cuantas veces cerraste los ojos, llenos de lágrimas, para no ver. Cuantas veces contaste todos y cada uno de los poros de mi piel para olvidar, para quedarte inmerso en un mundo de números y no de palabras. 
Hablabas sobre superhéroes porque sabías que jamás te convertirías en uno. Eras un cobarde, sincero solo entre los mentirosos, huyendo continuamente de la realidad. Nunca izabas tu bandera por miedo a que te vieran demasiados y al final, de tanto dudar, te quedabas siempre en la estacada. 
Querido, la ocasión que buscabas para destacar ha pasado ya hace un rato. ¿Corres a por ella o esperar eternamente a la siguiente para volver a dejarla escapar?

20 ago 2011

El Violinista de Lágrimas 1

Nunca había fallado en su trabajo. Sabía mantener la cabeza fría, bien alta, y llevaba a cabo todas las misiones sin titubear. Había tenido muchos clientes y ninguno había salido insatisfecho, pero sin embargo aquella vez fue diferente. Lo supo desde el momento en el que la chica de labios color carmín entro por su puerta, manos enfundadas en largos guantes de lino y manchadas por un cigarro a medio consumir que desprendía ceniza. Parecía sacada de una novela del siglo XIX, tan peripuesta, perfecta y curvilínea. Tomó asiento sin hablar y lo miró, visiblemente sorprendida. Estaba claro que esperaba algo más, como todos los que habían pisado aquella moqueta alguna vez. 

—Buenos días —dio una calada y, al ver que nadie respondía, prosiguió —he venido aquí para contratar sus servicios. Se trata de un varón, aproximadamente veinte años de edad. Tiene el pelo moreno, rasgos orientales, no demasiado espigado, pero tampoco ba...
—¿Tiene una foto? —interrumpió, inclinándose hacia delante. 
—Sí... sí, claro —balbuceó, rebuscando en su bolso y sorprendida por aquella falta de formalidad. Se la tendió al hombre, que la observó con detenimiento  para tirarla junto a otros papeles a un lado de la mesa —¿puede usted...?
—Claro que puedo, pero no le va a salir gratis ¿sabe?
—Ya lo había supuesto —la mujer le tendió un cheque y el hombre lo miró, sonriendo.
Era más que suficiente.

8 ago 2011

Arriésgate.

Vamos, ven junto a mí y arriésgate. Complica las cosas. 
Pídeme algo con la mirada, que seguro que lo entiendo mejor que con palabras. Sonríe aunque no tengas motivos, irradia alegría, irradia felicidad, aléjate de lo que duele, porque es mejor andar solo que mal acompañado. Deja de pelear, las heridas solo causan fealdad. Canta en la ducha aunque lo hagas fatal, aunque se quejen los vecinos. Salta alto, tan alto que las estrellas sean algo fácil de alcanzar. Vive, que si el mundo gira es para que podamos avanzar y baila, sobre todo baila aunque no sepas donde, porque si no encontramos espacio siempre podemos inventarlo.