19 dic 2013

Zumbidos.

Tengo el cuerpo inundado de sueños y no sé como sacármelos. Me oprimen entre las tripas y el corazón, justo en el espacio donde deberían ubicarse los sentimientos. Las neuronas han dejado de funcionar y se hallan en estado de inconsciencia. Han decidido dejarme a la deriva en medio del mundo, porque el problema colapsó hasta el último rincón de mi cerebro. Ya no sé si estoy en La Tierra o en Marte. Noto el planeta girar y a mí por poco cabeza abajo. Los sueños también giran y aparecen revueltos y mezclados, tanto que se confunden y no los sé diferenciar.

Voy a explotar
y noto la sangre
corriendo
demasiado rápido
por mis venas.

16 dic 2013

El mundo caduco.

Tat se iba a morir. No importaba lo que hiciese. Se iba a morir y lo sabía.
La gente pasaba a su lado hablando entre sí, incluso algunos reían. Los coches, las luces, las nubes, los pájaros, ninguno se paraba. El sol seguía su camino por encima de su cabeza y en los escaparates luces de neón anunciaban ofertas de más del cincuenta por ciento. En los televisores, daban las noticias. Y Tat no salía en ellas. Pero se iba a morir.
Miró a su alrededor. La gente estaba cansada. Cansada de vidas que no les interesaban y de trabajos que odiaban. No reparaban en ella ni en su pobre muerte porque no les importaba. Suficiente tenían con tener que llegar a fin de mes. Es curioso como tenemos solo una vida y decidimos vivirla para agradar a los demás, cuando nadie nos dará una segunda oportunidad para agradarnos a nosotros mismos.
Tat se iba a morir. No importaba lo que hiciese. Se iba a morir y lo sabía. Pero era libre. En medio de aquel mundo caduco, dio una calada al aire y sonrió. Las arrugas alrededor de su ojos desaparecieron.

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