22 nov 2009

Eras puro egocentrismo.

Y seguía allí, rota, literalmente muerta en un mundo negro. No era capaz de hablar, no podía mover los brazos, ni tan siquiera andar, cual era pues su miedo a quedarse allí para siempre, como una muñeca de porcelana en un estante, oculta tras un cristal opaco. Sus ojos vagaban como un reloj (tic, tac) mirando, intentando encontrar aquella figura que DESEABA encontrar. ¿Era un hombre? Y si no era un hombre ¿que era? Quería SOÑAR entre algodones blancos, no allí, no quería estar tumbada en un suelo negro. Cuando CERRAR los ojos era signo de resignación, cuando SU CORAZÓN latía a mil por hora, sin saber si debía pararse o no. Porque no entendía nada, no entendía aquella extraña situación, A lo mejor, lo único que intentaba era alejarse de todos, de LOS DEMÁS. Y allí se quedaba, aplastada contra el sucio suelo negro esperando un rescate que nunca llegaría, y todo resumido en una pequeña frase:
DESEABA SOÑAR, CERRAR SU CORAZÓN A LOS DEMÁS.
Pero entonces, ¿con que soñaría? Consigo misma.