28 jun 2012

¿Cómo se deletrea felicidad?

La felicidad es un vapuleo de sentimientos que recorren tu espina dorsal y se cuelan por el estómago, el cerebro y el corazón. Se siente con un atardecer, al amparo de una luz tenue y cálida, con una sonrisa o con el abrazo de la gente a la que quieres. 
La felicidad es placer, es mordisquear un trozo de chocolate sin reparar en calorías ni grasas de más, es pensar que los huecos entre los dedos de la mano es para colocar otros y estrecharlos con fuerza. Y cuando cierro los ojos, y la oscuridad se apodera de mí, pienso en esos momentos felices, en esas imágenes guardadas en la retina como si se trataran de fotografías y sonrío. 
Estoy en casa.

19 jun 2012

Pam era tan pequeña y el mundo tan grande...

Pam esta harta de ansiar la perfección, porque sentía que, cuanto más tenía, más se ahogaba. Algo se asfixiaba dentro de ella, algo que le estrujaba los sesos y le creaba grandes nudos en el estómago. Así que un día se armó de valor y decidió que iba a probar. Probar a ver que pasaba cuando se rompían un puñado de normas, probar a no salir con todos los pelos perfectos a la calle, ni con la falda que se llevaba de moda. Porque estaba harta de fingir ser cosas que no era. Delante de sus padres fingía, delante de los profesores fingía, hasta cuando iba por la calle, dónde nadie la conocía, fingía ¿Y qué si no era guapa, o obediente, o no hacía lo que estipulaban todos? ¿Por qué tenía que aprenderse una lista de nombres de los que no sabía nada, o ser una falsa para triunfar? 
Pam prefería explorar en los universos por las noches, cerrar los ojos y escuchar las notas musicales de un millón de canciones, y que le relataran historias para que pudiera soñarlas. Pero no había nada de eso, y cuando despertaba tenía que ir al colegio, y escuchar una barbaridad de sandeces, y aprendérselas después, y por las tardes, cuando ya era libre, recordaba las palabras de unos cuantos superficiales y se miraba al espejo y se decía ¿Quién mierda soy?
Porque ni ella lo sabía.

5 jun 2012

Abrazos cálidos como un atardecer.

Toda mi vida he estado buscándote en cada gesto, en cada esquina y bajo las mesas del bar que hay en frente de mi casa. Pero ni allí te he encontrado. Entre las cosas que busco, están tus ojos azules como el mar, tu pelo rizado lleno de dorados y castaños y tus abrazos, que son más cálidos que un atardecer. Agachó la cabeza cada dos segundos porque pienso que estás entre las piedras, o en la hierba que crece en los adoquines y que ahora se torna más mustia que nunca. Pero no estás. Nunca estás.  A ver si algún día de estos me tropiezo contigo por el camino, y nos fundimos en un beso de esos de película que tanto nos enamoran.

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