24 mar 2010

Colección de cuentos


LA FLOR QUE GERMINÓ ANTES DE PRIMAVERA
ES un fragmento muy corto pero que resume más o menos una de las cuatro historias que contiene:

Cada vez que pienso en Nadie, suspiro. Es como recordar algo que nunca sucedió. Las palabras de Nadie eran las mías, su forma de pensar tan descabellada se asemejaba a mi forma de irracionalidad.


Imagen portada de Philippe Lechermeier


Este es un nuevo proyecto en el que me he embarcado. No es una novela en condiciones, así que, irrefutablemente, no es continua, por eso puedo llevarme toodo el tiempo que quiera con ella.

Tal vez no hubiera sido necesario...


Tal vez, si hubieras venido sola, con la rosa blanca en la mano, como hacías siempre, las cosas abrían vuelto a ser como antes.

¿Te imaginas? Recordar aquellos buenos tiempos, no sé... tampoco creo que costase tanto. Tus mejillas sonrosadas, tu sonrisa, aquella forma de llorar tan tonta y conmovedora que tenías. Andar por andar, como hacías tu, salir a pasear aquellas tardes de primavera, quemándonos la piel. Andar por la arena y llenarnos el pelo de la sal del mar, de humedad, regresar a casa con los pies descalzos sobre el caliente asfalto. Oh... cuando salíamos a comer, aquella forma tan rara que tenías de agarrar el tenedor, con tu dedo de uñas largas. Nunca te las pintabas ¿verdad? Si, de eso también me acuerdo.

Es extraño ver todas las cosas que puede sacar uno cuando se pone a pensar, ahora, sentado en la silla, armado de esta pluma negra que tu me diste, con esos colores verdes, propios de una novela romántica y oscura. ¿No es maravilloso ver como cae la tinta, como forma las palabras?

Y también aquellos paseos por la plazoleta, rodeados de niños pequeños que chillaban, hay tantas cosas en las que pensar... recuerdo aquella vez que pasamos ante el kiosco y se te antojaron aquellas chucherías pringosas, y que yo te las compré, casi desesperado. Te veo a tí, mordiendo ese corazón que parecía el mío, tomándote las esponjitas rosas. Sonreías, sonrió yo melancólicamente ahora al recordarlo.

Tantas pequeñas cosas, que en realidad eran lo que te hacían única, inolvidable, maravillosa. Esos detalles tan tontos que hacían que viera en ti una belleza especial. Esa sonrisa, esos ojos... y de verdad, dime ahora que hago yo aquí solo, astio, cansado...

Siento que te fuiste tan rápido, con esas prisas que te caracterizaban... y me dejaste a mí sin decirme adiós, vacío y hueco, con el corazón hecho trizas. Decías que las cosas tenían que llegar, fuese en un momento u en otro, pero tal vez, tal vez... tal vez no hubiese sido necesario... "por favor" Te dije, y no me hiciste caso.


20 mar 2010

HUNDIDA EN LO NEGRO

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Es tan fácil abandonarse... tanto por dentro, como por fuera. Dejar huir al alma, a la vida, quedarse estancado en un punto, no retroceder hacia atrás ni hacia delante. Y no salir de allí. Divisar el alo de luz, el túnel, su final, y no poder movernos, quedarnos sin fuerza.

Bajar una escalera que no lleva a ninguna parte, y después no poder volver a subir de nuevo, como si una valla lo impidiese, como si una barrera invisible estuviera estancada ahí, y por mucho que empujásemos jamás podríamos tirarla. Una barrera que creamos nosotros.

Solos... adiós... palabras lúgubres que creemos que nos definen.


Crónicas de estar por casa XV

Escribo sentada en la mesilla de noche, con los pies apoyados sobre la cama. La libreta en mi regazo, los papeles mecidos por el viento del aire acondicionado. El bolígrafo gasta tinta, fugazmente, simplemente, como si no tuviera nada más que hacer.
Con los pies en la tierra y la cabeza en las nubes.
Fragilidad entre cojines, mi definición perfecta. El espumillón de la fiesta de fin de año aún sigue decorando mis balcones, celebrando una navidad inexistente que pasó hace ya meses. Escribo con el bolígrafo negro, que parece derramar tinta líquida por todos lados, como si fuera petróleo. De repente aparece una A, después la E, describiendo el vocabulario, la vida... cuesta tan poco escribir, no es más que coger un poco de aquí, un poco de allá, hacer un cocido, una ensalada de palabras. ¿Te imaginas? Comerte la sabiduría, la cultura, lo real o lo imaginario. Mi cuarto está a oscuras, pero yo sigo escribiendo, no me hace falta ver. Me dejo llevar por la imaginación, y subo, y subo en un tren que vuela por los cielos de nubes blancas.
Con los pies en la tierra y la cabeza en las nubes.

14 mar 2010

GRITO AL CIELO.

Grito mi nombre a las nubes, grito mi nombre al cielo.

Quiero que el río siga fluyendo, quiero que su cauce no quede reducido a un hilo que llora. Solamente deseo que la tierra no se derrumbe, enferma, que la vida pueda seguir hacia delante, que no le fallemos.

Grito mi nombre al atardecer dorado... espero que me ayude a conseguir mi sueño, por desmensurado que parezca.

Crónicas de estar por casa XIV

No me pidas que entre en la cocina y no me eche a llorar, tal vez porque tu nombre se vaya borrando de mi cabeza poco a poco. Ya no se si decir somos o éramos... porque tu recuerdo es como una nube, se va deshaciendo por el viento... No recuerdo tus rasgos, ni tu forma de pensar, solamente esa sonrisa imperfecta, que solamente una persona como tu podría tener. Esa sonrisa que no es para ti, es para mí. Tal vez sea por eso que me duele.
Cuando entro en la cocina, no me pidas que no me eche a llorar, porque te recuerdo a ti lavando los platos, oliendo a champú, justo después de ducharte. ¿Sabes? Ahora pongo esa música que tanto me irritaba... solamente porque era la que tu escuchabas, y es la única forma que me queda para no olvidarte.

13 mar 2010

Nombres... ALINA

Veía la vida de color azul... ni tan siquiera rosa. El cielo era el lugar estupendo para vivir, encima de una nube de esponjas. Su sueño había sido volar, era fantasiosa, creía en los cuentos de hadas. Nunca se estaba quieta. Saltaba, como intentando alcanzar a los pájaros, andaba hacia atrás, intentando que el tiempo no pasara, regresar a los tiempos de su juventud. Muchas veces lo conseguía.

Alina vestía de seda, de lino y sus lazos eran de papel pinocho. Sus ojos verdes siempre iban a juego con la ropa, de colores claros. Un día vestía de verde, otro de celeste y el siguiente de naranja amargo. Sus zapatos eran unas manoletinas blancas, ensuciadas y llenas de barro.

Era psicóloga. Trataba con enfermos mentales, les transmitía su enorme felicidad, su alegría dentro de la vida. No hacían falta medicamentos, no hacían falta tratamientos.

Alina era una persona feliz, que saltaba para poder alcanzar las nubes... y se creía que los algodones de azucar reflejan el cielo raso.

EQUILIBRIO


Creemos que lo tenemos todo en nuestras manos, y si pensamos que no es así, lo intentamos todo para conseguirlo.

El dinero, la lujuria, la paz... en realidad pocas veces buscada de verdad. Nos obsesiona como si fuese un caramelo tras el escaparate, el cual está ahí y no podemos coger. Se nos encoje el corazón por no poder comprarlo. Gritamos de rabia, gritamos de agonía.

Y nunca estamos en equilibrio, nunca contentos, siempre nos tambaleamos sobre la cuerda floja.

NIEGAS


Niegas haberlo hecho, niegas haberte hundida en tí misma, abandonando todo lo demás. Y después de que veamos aquella puesta de sol, ambas juntas sentadas en la playa, tomando un picnic que bien podría agradecer de cena. Yo te dije que eras mi amiga, que podrías descargar todos tus males sobre mí, y no lo hiciste.

Todo se paga en algún momento, aunque no lo creamos. Los defectos son de esas cosas que nos hacen sentir mal, la manía, la obsesión, la forma que tiene la gente de buscarnos las cosquillas. Es fácil criticar sin ver... sin saber la realidad, sin probar cosas diferentes.

Tu te fuiste amargada, porque alguien inepto, rotundo y avinagrado creyó que, si te insultaba, sería superior a tí. No te equivoques... no debes hundirte por eso, no creas que llorar es malo, porque si lo haces significa que no crees lo que te ha dicho, que niegas que sea así. Ya que lo sabes, derrama lágrimas... siempre podrás encontrar un consuelo en mis brazos.

Y nos quedamos viendo la puesta de sol, tomando un picnic que ahora no nos sabe amargo.

7 mar 2010

Crónicas de estar por casa XIII

Dime si tu te vas en primavera, dime que haré yo, sola. Hundirme en el sofá, dejándome caer suavemente, casi rebotando bajo el lino, apoyados mis pies sobre la plataforma de metal que me sirve de apoyo. A mí y a mi corazón. Te necesito para estar aquí, porque sin ti no soy nada, solamente una persona más en un mundo cualquiera.

Solo

Solo un momento más, una experiencia más, una vida más.
Solo tus sueños, tus locuras, tus sentimientos.
Solo el rozar de tu piel en mis párpados.
Solo... tu y yo, nadie más, hundidos en un mar de lágrimas.