18 may 2010

Recuerdos del pasado

Quedaron en la plaza, donde los viejos jugaban con canicas plateadas. El piar de los pájaros les recordaba un pasado que se diluía poco a poco en las aguas. Niños jugaban a saltar la comba, pintaban el suelo con tiza blanca. No eran más que inocentes sonrisas, inocentes miradas.

Todos eran los mismos, incluso los edificios, ahora corrompidos. Rostros surcados por arrugas, gastados por el tiempo. Podían distinguir aún las sonrisas adolescentes de los que ahora eran mayores, que fumaban pipa con manos llenas de tierra. Con boinas que cubrían sus cabezas calvas.

Quedaron en la plaza, se sentaron sobre los bancos oxidados, cogidos de la mano. Retrocedieron , a una tarde de abril, cuando contaban letras en un libro ahora perdido. Él decía A, ella E, O, Y, L, T, R, W, M, Q, S, D, H, L... y se pasaban horas deletreando miles de veces el abecedario.

Las arenas del tiempo los consumió poco a poco, aspirando aquellas virtudes, aquella agilidad, aquellas ganas de vivir. Ahora son dos viejos más en esa plaza, que cuentan de nuevo el abecedario, rememorando tiempos antiguos. Él dice E, ella dice A, y todo se resume a sus vidas, a sus palabras y a sus sentimientos.

17 may 2010

Experimentando del revés.


Blancas nubes.
Cosquillas al cielo,
a lo lejos edificios
de plumas negras y blancas.
El sol tapado por pájaros
lleno de peces transparentes
dentro del agua y entre caminos.
De la linde en el pino
la niña colgaba.
Recio viento soplaba
que acariciaba el azul cielo.
En el verde bosque
aparecía algo.

Algo aparecía
en el bosque verde
que acariciaba el cielo azul.
Viento recio soplaba.
Colgaba la niña
en el pino de la linde
entre caminos y dentro del agua
transparente y llena de peces.
Pájaros tapaban el sol
de plumas negras y blancas.
Edificios a los lejos
haciendo cosquillas al cielo,
y nubes blancas.

13 may 2010

Desaparecimos del mundo...


Esa noche apenas hablaron. La linterna no daba mucho luz, pero era suficiente para los dos libros. Y así los que hablaron fueron los personajes de sus historias.

Los gigantes de la Luna. Gonzalo Moure.



Las palabras solamente describen sentimientos. No son más que ganas de expresar lo que llevamos dentro. Tú callabas, yo callaba, y durante el trascurso de la noche solamente se oyó el roce de las hojas contra la madera de la cabaña. El silencio no fue molestó, nos remitimos a hablar sin decir nada, sin ni tan siquiera mirarnos. No fue una guerra, solo una pelea. Yo quería terminar antes que tú, tú querías terminar antes que yo. Nos quedamos sumidos en la oscuridad cuando la bombilla dejó de titilar. Su luz se rompió en mil pedazos y se convirtieron en luciérnagas que sobrevolaban la cabaña. Fue ese nuestro amparo y nuestra luz durante el resto de la noche. Ahora que pienso dando pequeñas caladas al cigarro, me pregunto si alguien nos echó de menos, porque al fin y al cabo desaparecimos del mundo durante unas horas y nadie supo de nosotros. Se nos tragó el orgullo y las ganas de más, se nos llevó la luna, que alumbraba la habitación de enfrente. Y estuvimos metidos en otras vidas, en otras historias, viviendo vidas que no eran nuestras. Recuerdo cuando bajamos de la cabaña y me felicitaste porque había acabado la historia antes que tú, nos dimos un abrazo y nos miramos a los ojos.
Las palabras solo describen sentimientos.
Y me dedicaste aquel libro como si fueras el famoso escritor con el que soñaba, en aquel momento ambos nos lo creímos.

Para tí,
por derrochar horas conmigo.
Ojalá derrochemos mil más,
dos mil y dos mil cinco.
Te quiero.

Después me sonreíste, fue mágico, fue trágico, fue maravilloso. Murmuré algo por lo bajo. Desaparecimos del mundo... Una, mil, dos mil y dos mil cinco más.



7 may 2010

Nada

Es triste creer que lo sabemos todo y descubrir que en realidad no sabemos nada.

2 may 2010

Todo y nada, la perfección imposible.



Desde aquel día no volvió a sonreír.
Lo tenía todo.
No tenía nada.
Ansiaba la vida de otros, cuando otros ansiaban la suya.
Quería vivir como los demás, cuando los demás estaban hartos de su vida.
Nunca se contentó con lo que tuvo.
Siempre quiso más.
No reparó en que su vida era perfecta, casi por excelencia.
Ella era la mejor, la más lista, la más rica, la más inteligente y la más orgullosa.
Por eso nadie quiso compartir esa vida con ella.
Queremos la perfección, no podemos obtenerla.
Y cuando la tenemos, solamente queremos dejar que se vaya.
Hartos de ella.
El ser humano no es capaz de contentarse con lo que tiene.
Siempre quiere más.
Eso es lo que nos pierde.

29 abr 2010

Pompas de jabón


HIZO pompas de jabón, dejando que fueran mecidas por el viento y chocasen contra el cristal, quedándose reducidas a gel de baño. ExprimIÓ el bote y dejó que el líquido verde llenase sus manos. Después mojó con agua y sopló. Una. Dos. Tres. Esta vez tuvo suerte. El espejo quedó de nuevo manchado y su figura distorsionada, como vista a través de un cristal opaco. No le importó demasiado.
Alguien, entonces, entró por la puerta. Su marido la cubrió con la chaqueta por la espalda y sonrió. Le dio un beso en la mejilla y musitó que iba a hacer la cena. La dejó en el cuarto de baño, apoyada en el lavabo, viendo su propio rostro, ahora humano, antes muerto. Se tocó la cabeza y sonrió al ver que ya le empezaba a crecer el pelo. Ahora podría estar haciendo las pompas de jabón con un niño en la bañera, pero ya esos problemas no se podían solucionar, tendría que seguir con su vida. Inspiró hondo y siguió soplando para formar más pompas.

Volaron mecidas por el viento y chocaron contra el espejo, convirtiéndose solamente en gel.

27 abr 2010

Crónicas de estar por casa XXII

Ilusos.
Sois todos unos ilusos.
Os creísteis mis mentiras. Os creísteis mis engaños. Caísteis en la trampa, pensasteis que de verdad os amaba. ¡Que tontos! Que tontos habéis sido... Cuando os acompañé hasta la entrada de casa, cuando sonreí entre vuestras mantas. El amor es mentira, es un cuento. Rosa no. Negro.
Ahora, retumbado sobre la maca, recuerdo aquellos amargos sentimientos, esa manera retorcida de verme a mí mismo, de ver a los demás. Que crueldad, no sé como fui capaz de hacerlo... el ser humano, tan simple, tan complejo, tan diferente a todo lo demás.Capaz de hacer lo mejor por el mundo. Capaz de destrozarlo todo, también lo que el mismo creó tiempo atrás.
¿Y si fuésemos capaz de arreglar aquello que hicimos mal? Volver atrás en el tiempo, no, no hace falta. Hagámonos ahora, en este momento. Tal vez desde nuestra casa. Y pienso, aquí sentado en el salón, solo, como solucionar aquello en lo que me equivoqué y de lo que me arrepiento. Pinto aquello que volví gris y blanco, negro, aquello que ensucié.
De rojo, de amarillo,de naranja, de verde, de azul, de morado...

25 abr 2010

Píntame de naranja y rojo


Como si fuera un cuadro incoloro que debes de alegrar. Coge la brocha y decora los parpados, los ojos, cámbiame de color los labios y ponlos más sonrosados. Haz que sonría, que no esté triste. Píntame con un vestido rojo, de esos que suelo llevar en la playa durante el verano. Píntame con el pelo crespo y alborotado. Deja que mis manos hagan surcos en la pared, que el sol aparezca entre la madera como si la estuviese traspasando.
Y, de paso, pinta todo lo demás.

Pinta el cielo naranja.
Pinta el árbol morado.
Pinta la casa negra.
Pinta el viento de blanco.

Utiliza los colores, lo inutilizado.Coge la brocha y mójate tu también, dejando que tu cuerpo sea un arco iris de colores. ¿Qué más dan las manchas? Si después todo se lava, todo se va, no nos daña...

Pinta de colores, quita ese gris que acumula telarañas. Hazlo si quieres con lápices de madera, con ceras, con acuarelas aguadas. Si quieres, mira lo que te digo, con telas, con cartulinas o temperas, tal vez a óleo, describiendo lo imposible.
Pinta al mundo.
Píntame a mí.
Pero píntame de naranja y rojo.

El balcón y las flores moradas

Regreso de Segovia... aprovechando estas ferias, así que no he podido escribir. ¡Besos! Actualizando...


Paseaba por la calle, sintiendo el sol primaveral sobre mi piel. Mis pasos me guiaban por callejuelas pequeñas, donde la sombra de los edificios entristecía y oscurecía el cielo azul. Cerré los ojos e inspiré el aire de la mañana, impregnado del olor a flores y de la lluvia del rocío. Aún podía distinguir las gotas sobre hojas moradas. Levanté la vista cuando el sol volvió de nuevo a rozar mi pómulo. Se atrevió a juguetear con mi pelo, a iluminarlo, haciéndome parecer pelirrojo. Levanté entonces la vista y me encontré con la fachada de la casa, la casa y el balcón pintoresco, sostenido por la nada, allí en los alto. La madera pintada de violeta, acorde con
aquellas flores que había visto en el parque, nacidas entre la verde hierba. Una muchacha se asomaba a él, intentando disfrutar también de aquel sol blanco que destilaba calor. Vestía de lino, y las chancletas casi caían bajo el precipicio que se abría a sus pies. Era bella, de pelo moreno y liso, de esas que sonríen por cualquier cosa, que viven por vivir y sin preocupaciones, sin problemas, alimentando con su belleza a los demás.
Como las flores moradas del parque escondido cuesta abajo.






18 abr 2010

Todos...

...somos iguales.
La calle y yo, paralelos el uno al otro, mirando aquellas cosas que siempre me sorprendieron. Esas miradas, esas sornas, miles de personas pasando a mi alrededor sin que yo las conozca. Ellos son mi alrededor, para ellos yo soy su alrededor. Y sin embargo es diferente según el rasgo de ESA persona. La forma de mirarla, de juzgarla, de saber si de verdad... es como nos la imaginamos. El ser humano juzga antes de tiempo, siempre.



Blanco.
Negro.

Todos somos iguales.
No hay ser superior, aunque a veces nos lo parezca.

17 abr 2010

Crónicas de estar por casa IX

¿Tu verdad? No, la verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.
Antonio Machado.
Proverbios y cantares.

Y de repente regresamos de nuevo a ayer. Nos cogió de improviso, casi de inmediato. Nos contábamos verdades en la terraza, tomándonos el batido de fresa con pajita naranja. Yo reía con tus gracias y tu llorabas con mis mentiras. Estabas cansado de Babi, de aquel chico que vendía revistas en la calle y de las rosas de los vientos que decoraban los libros de tu casa. Solamente querías mudarte al pasado y arreglar aquello en lo que te equivocaste hace tanto tiempo atrás. El piano en la salita acompañaba nuestra paz general. Empezó entonces a llover.
Una gota, dos.
Extendimos las manos y cerramos los ojos. ¿Sabes? La vida tiene sus fases. Sentí el agua caer sobre mí y dejarme el pelo mojado, adherido a mi piel. Suspiré y recordé aquello que me dijiste un día pasado.

Tú verdad no. La verdad. Claramente no era lo mismo.