13 mar 2011

Trece inviernos más.

Dicen que trece es el número de la mala suerte y que los gatos negros son signo de brujería. 
Que tú vives la vida en blanco y negro y yo en color.
Desde pequeños -a ti y a mí- nos ha gustado sentarnos en el balcón de casa de la abuela y mirar las estrellas como los poetas, para poder inspirarnos en ellas y construir poemas. Eran tu nariz arrugada, tus grises ojos entornados, el hipérbaton que utilizaba de vez en cuando, el asíndeton de ritmo apresurado y las mentiras piadosas para esconder realidades que a ninguno de los dos nos gustan. 
Estábamos en la habitación vacía del fondo de la casa, donde solamente hay cortinas blancas y un espejo en el que nos hacíamos fotos con los gorros de lana que Nani nos había tejido. 
Y después de tanta infancia, de tardes de amor abrazados y rezando nuestro propio santuario, tropezando con cada piedra del camino y levantándonos de nuevo, te das cuenta de que el pasado es como un día nublado y de que hay tantas cosas que no podemos ver que tienen que operarnos de miopía. 
Ya no consigo recordar como he llegado hasta aquí, ni como me sentaba en los inviernos fríos delante de la estufa.
...

28 feb 2011

La manzana roja de Isaac.


Recuerdo a Isaac sentado en las raíces de un árbol que coleccionaba años y los guardaba en forma de aros dentro de su corteza. Aquella tarde cogió una manzana del suelo y la miró ensimismado, recorriendo cada recoveco de su piel, cada matiz de color y las heridas que la tierra le había proporcionado. He de aceptar que nunca entendí la forma en la que trabajaba su mente y que, en sus conversaciones, me perdía incluso antes del comienzo. La mente de aquel chico nunca se encontró al alcance ni de mí, ni de nadie. Era como una caja fuerte llena de secretos. Por aquellos entonces, estaba ensimismado con Newton, del cual decía haber heredado el nombre y las ganas por descubrir más. Se había leído su biografía y soñaba con descubrir un nuevo planeta en la inmensidad del universo.
[...]
Fragmento de  "La manzana roja de isaac". Srta. Alicia Alina.

21 feb 2011

Por la boca muere el pez


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Imagen de AquaSixio.

Hay en la boca del pez un anzuelo y cuatro cuartos de sal marina.
La infinidad del océano le traiciono de repente, le capturaron las redes del barco proa allá en lo alto y lo subieron a la superficie angosto y pobre de líquido. Su oxígeno se evaporaba poco a poco.
Hay en la boca del pez un anzuelo y tres cuartos de sal marina.
Aleteaba. El agua volvía a ser agua. Había escamas verde y plata que se movían con una música que nunca llegó a existir de verdad y que luchaban por algo más. Un centímetro y medio de aire en la mañana.
Hay en la boca del pez un anzuelo y dos cuartos de sal marina.
No había olas en el mar, el barco en lo hondo del horizonte, lleno de rayos de sol que empezaba a esconderse por la periferia y a convertir objetos en contornos y manchas negras.
Hay en la boca del pez un anzuelo y un cuarto de sal marina.
Queda la mirada perdida más pero es menos lo que sentía. Anoréxico en medio de redes que dejaban marcas y el agua bajando por la superficie, desprendiéndose del cuerpo como la vida. Vano esfuerzo, ni respirar ni ardor ni cuerpo. 

Cogieron al pez por la cola y lo metieron en un cubo y lanzaron de nuevo el anzuelo. 
El pez dejó de ser pez. Ahora el viento se-lo-lleva.

11 feb 2011

¿Por qué no jugamos a ser adultos?

Y estaría gracioso pintarnos la cara de rojo con la barra de labios que te compraste en el supermercado. Vestirse de negro con mayas blancas y unas botas altas que ni siquiera tienen color. Ver en blanco y negro, como en la antigüedad, y quedarnos atascados en el tiempo.
Se han vuelto a poner de moda las minifalda y los abrigos largos. Las bufandas púrpuras que no pegan con nada. Los negros para hacernos más delgados y tres de  la madrugada sin regresar a casa. Romper las normas como si fuésemos rebeldes y gritar y gritar y gritar que no queremos. Llorar de amor y morir de rabia. 
Besar y desear (con ganas o sin ganas). Mojarse los labios con tinto de verano y otras historias raras. Enumerar palabras: idiota, negro, cielo, loco, interminable, hora, risa, ordenador, mentiras. 
Librarnos de las responsabilidades aunque al final, siempre acabemos con ellas en medio de la mañana. Coger una borrachera, no saber regresar a tu casa. Hablar del último con el que dormiste o la última con la que te liaste. Criticar a las espaldas y en las narices. Fastidiar a los demás. A tus amigos. A ti mismo. Avanzar dos pasos y retroceder cuatro. Decir no me ralles cuando no me entero de nada.
Al fin un futuro que de verdad tiene ganas de cambiar el mundo.
Aunque solo sea
para joderlo
aún más.

4 feb 2011

El oasis de tus ojos

Marta a las cuatro y cuarto de la tarde en el Starbucks de la esquina, justito al lado de casa. 
Lleva miles de negaciones encima y tiene dolor de cabeza. Palabras y frases que se mezclan en su cabeza y ensordecen el ruido del exterior. No hay más que problemas. Se mira los pies y descubre que hace tiempo que se le rompió la hebilla de uno de los zapatos, que tiene la pintura de uñas roída y una carrera en la media. Las gafas de sol ya no sirven para nada porque el día se ha nublado. Parece pequeña, frágil y tremendamente solitaria. Marta se encoge en si misma y empieza a tener frío. Unas chicas pasan a su lado riendo. Todos las miran. Con amor, con odio, con envidia, con devoción. Pero las miran. A ella nunca le ha mirado nadie. 
- Me voy a comprar un espejo roto para que cuando me mire, este segura de que solo vea la realidad. 
- Y yo me voy a comprar tus ojos.
- ¿Para qué? 
- Para poder ver el oasis que se esconde dentro de ellos y enamorarme un poquito más de ti, que aún no tengo suficiente. 

30 ene 2011

Anestesia

Me perdí en el mapa de tu piel y caminando encontré recuerdos, frases ingeniosas e imágenes que se iban tan rápido como venían, el conejo de Alicia en el País de las Maravillas, que corría demasiado deprisa. Encontré (también) dos nubes de algodón rosa, purpurina gris guardada en botecitos de madera, papeles arrugados con el verbo Be acompañado de miles de palabras distintas. Be you. Be happy, notas y cuadernos, estuches llenos de lápices de madera, lobos con fauces abiertas, una cámara gastada que guardaba instantáneas. Pájaros de papel, cometas hechas a mano, un punto y aparte, una lista interminable de nombres inventados y de momentos especiales -para ti, solo para ti-. 
Me encontré  todas tus amigas de la calle 13, a los coches que tuviste, a los taxis en los que te montaste. Encontré unos ojos canela y un mar sin agua, una playa llena de turistas y una regla rota. Dos palmeras torcidas, un dibujo inacabado, un corte de manga, un corazón de plastilina y once muñequitos de papel.
Me encontré a mi. Pero no a ti. 
Ni a nadie ni a nada que de verdad quisieras.

26 ene 2011

A la deriva

Estoy tan vacío por dentro que ya no me quedan lágrimas -las he gastado todas cuando lloraba sentado en las escaleras, mirando a través de la ventana el cielo lleno de un puñado de estrellas-. Toco el violín por las noches y confundo las notas sin que nadie se de cuenta. Ando por las calles con los ojos cerrados, lento, muy lento, casi con pasos de hormiga. Voy en un barco de madera que me ha costado construir cuatro días y cincuenta noches. Pienso en ti cuando no hay luna llena y recuerdo tu redundancia al hablarme de tus sueños y los cuadros que había colgado en la habitación de la vecina. 
Me levanto sin puntos y sin comas, sin palabras. Trago saliva. Tengo los ojos grises porque se han quedado vacíos y tú te empeñas en pintarlos de verde, como las briznas de hierba que hay en el portal, junto a la puerta. 
Cuando no pueda más me iré poquito a poco, sin prisas, con la música de un piano negro de fondo. Pero mientras tanto pronunciaré la palabra esperanza -que tanto me encanta-. E iré hacia arriba, a la deriva, hasta que el infinito desaparezca.

20 ene 2011

En el fondo de la playa

Hemos escarbado en la arena de la playa con el abuelo para ver si llegábamos a la otra punta del mundo. La tierra que sacábamos la hemos guardado en cubos rojos y azules que, según Sisi, no combinaban para nada. Ahora la tierra parece fango por la lluvia que ha caído sobre el balcón en el que los dejé cuando volvimos a casa. 
Mi madre ha venido a recogernos y ha reñido con palabras dulces al abuelo por agacharse para ayudarnos, por meternos ideas locas en la cabeza sobre tareas y misiones imposibles y por hacer que nos llenásemos de tierra las rodillas. 
El abuelo se ha sentado en la silla delante de la ventana y se ha apoyado en el bastón  (El amanecer  alumbrado en sus ojos y el sol poniendose poco a poco hasta que el horizonte se ha llenado de estrellas).
Hay sobre la cama una concha que hemos descubierto los tres en el fondo de la playa.

15 ene 2011

Tropecientas mil primaveras más

Marylin ha guardado en el bolsillo trece piruletas con sabor a fresa, siete tarritos de mermelada y galletas con leche merengada. Tiene en la mochila tazas de porcelana de todos los viajes que ha realizado y cuadernos llenos de postales y de letras que relatan sus historias.  Ha viajado a más de cincuenta países y nunca se está quieta en ningún lugar. Lleva consigo un paraguas a rayas que se compró una tarde lluviosa en Dublín por si acaso el agua le pillaba desprevenida y cree que la nieve es una capa de tierra que llega cuando hay cosas que enterrar. A Marylin le gustan las cosas interrumpidas. Que halla. Muchos. Puntos. Y ninguna. Coma. Maneja a la perfección quince idiomas entre los que se encuentran el inglés, el francés, el español, el portugués, el italiano, el alemán y el de las sonrisas.
Ahora se tiene de nuevo que marchar y está haciendo las maletas. En  este viaje ha habido pocos puntos y alguna que otra coma, pero no está enfadada (porque ha conocido a alguien especial). Y, aunque ya llegue el verano y tenga de nuevo que emigrar, el recuerdo de las tardes y de las flores quedará en su mente para siempre. Aquella primavera ha amado, ha soñado, ha gritado, ha creado historias bajo la luna y ha...
creído, por un momento, que podían llegar a ser realidad. 

9 ene 2011

Nos quedan dos horas para terminar de soñar

Encima del escritorio hay dos chocolatinas que ni tú ni yo nos hemos tomado. Tienes los ojos cerrados y te toco el pelo (mechones color escarlata). 
Teddy a los pies de la cama, sobre el baúl donde guardas trajes de princesa y cuentos preciosos llenos de letras entintadas y de corazones que no se rompen. Un cuadro que ninguno de los dos hemos pintado pero que refleja lo que sentimos y lo que tenemos a la perfección. Hay una libreta con flores rojas en la portada en la que ayer te escribí unos versos de Antonio Machado que te encantaron. 
Una conversación de hace varios años:
- ¿Has tomado el sol con colador?
- No. ¿Por qué lo dices?
- Porque quiero saber como aparecieron esas pecas que tanto me encantan. 

7 ene 2011

Hay un (pequeño) monstruo debajo de la cama.

Pablo le tenía miedo a los monstruos tanto como a las arañas. Por la noches, cuando la oscuridad se cernía en el lugar y lo poblaba todo, se acurrucaba debajo de las mantas y cerraba los ojos, fuerte, muy fuerte, hasta que se quedaba dormido y se olvidaba de todo. Había veces que se metía en la cama de su hermana pequeña para no sentirse solo y siempre, aunque fuese verano, se tapaba con la sábana hasta las orejas, como si de aquella forma nada ni nadie pudiese atacarle. 
En las noches de Halloween, sus amigos contaban historias de miedo que él no era capaz de escuchar. Entraba en el cuarto de baño y se sentaba sobre la tapa, esperaba unos minutos y volvía a salir, a la espera de que el relato hubiese finalizado. 
Sin embargo, llegó la noche en la que Pablo registró debajo de la cama y se encontró a un monstruo pequeño que cabía justo en la palma de la mano. Era color canela  y, más que dar miedo, hacía gracia con aquellos dientes mellados y la cola peluda llena de polvo. 
Desde que Pablo se encontró a aquel monstruo ha dejado de tener miedo. Ahora sabe que, cuando sienta que le observan, solamente tendrá que cerrar los ojos -fuerte, muy fuerte- e imaginárselo como le de la gana. Y... ¿Quién sabe? a lo mejor incluso ha llegado a hacerse amigo de alguno.

Problema de aviso solucionado ;)
Por cierto, vinieron los Reyes Magos.
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