30 may 2011

Babedú no era gris.

Cuando Raquel estaba sola, cuando no le gustaba la compañía o cuando le reñían siempre dejaba salir a Babedú. Era como su parte fuerte, su otro nombre. Una chica atrevida, infatigable, que cruzaba abismos de un salto, se enfrentaba a dragones de nueve cabezas y no le tenía miedo a nada. Una chica sin gris.
Raquel se sentaba en una esquinita, cerraba los ojos, abría la mente y se imaginaba una escena digna de cualquier novela de aventuras en la que ella era la protagonista. Era su forma de aislarse de aquello que no podía soportar. Así, cuando los mayores la veían distraída, siempre decían: ¡ay esta niña, todo el día pensando en las musarañas! Pero no. Pensaba en Babedú, que no tenía nada que ver con las musarañas y además era mucho más bonita.
A ella todo el mundo le hacía caso. Era una heroína. Cada vez que regresaba de una misión imposible la aclamaban, envidiaban y deseaban. ¡Viva Babedú!¡Viva Babedú! Gritaban manteándola y llenos de sonrisas.
Pero Raquel tenía que regresar a la realidad, y entonces todo su mundo desaparecía y volvía a ver de nuevo la cara de su primo llena de granos, sentía los insoportables pellizcos de su tío en las mejillas y las riñas de sus padres por estar todo el día en las nubes. Al menos. Pensaba Raquel en esos momentos. Aún puedo regresar con Babedú y seguir viviendo sus infinitas historias.


El blog va a alcanzar los 1.200 
seguidores dentro de poquísimo 
y he hecho un vídeo de 
agradecimiento que  espero 
que podáis ver. Una vez más
MILES DE GRACIAS.


19 may 2011

Un puñado de estrellas.

María estaba harta de los niños buenos, del "te quiero", de ser paciente con todo el mundo y recoger la basura de los otros, de que por cada paso que diera le pusieran tantas zancadillas que al final se le desollara las rodillas. María estaba harta de deshojar la verdad con la mirada y de sonreír tan fuerte que al final siempre terminaba bebiéndose el mar. Últimamente no había brillo en su mirada ni corazones en las camisetas a rayas. Antes soñaba con cambiar el mundo y al final este dio tantas vueltas en tan pocas veinticuatro horas que llegó la noche antes de que se pudiera dar cuenta.
María fingía que le hacían gracia las personas que crecían con los insultos a los otros, pero lo cierto era que le dolían tanto que lloraba antes de dormir y al final siempre se levantaba en lagunas. Sentía como el mundo se le venía encima, que vivir era como caminar contra una ventisca con nieve, que el corazón le sangraba y se sentía una barco a la deriva. 
Pero una tarde de heridas recordó que levantarse era obligatorio, empezó a ir hacia arriba, avanzando lento, muy lento, y borró el punto y final para dejar su historia sin finalizar. Cuando iba a tropezar se levantaba con la cabeza bien alta, sonriente, y al final nunca terminaba por llorar por no haber visto el sol porque recordaba que, si lo hacía, no podría admirar la inmensidad de las estrellas. 

8 may 2011

Cigarettes IV

Alma y Dean no quieren que empieces por el final.

Alma abrió los ojos -casi como platos- y sonrió. Sonrió tanto que al final aquellos sonidos se convirtieron en carcajadas e inundaron toda la habitación. Dean, sin entenderlo, seguía plasmado en la puerta, desafiante, tenso, revelador de su propio secreto. 
- Pero que tonto que eres - se tapó la boca con la mano y gimió. Varias lágrimas cayeron por sus mejillas, pero se las secó antes de que resbalaran por el mentón - ay Dean, ay Dean... - repitió, mirándolo a los ojos - ¿de dónde te he sacado yo? 
El chico se acercó a ella sin entender lo que ocurría y se encogió de hombros vacío en palabras. 
- No entiendo Alma, lo siento pero no entiendo nada. 
La chica abrió la boca, pero el sonido de alguien en la puerta hizo que ambos giraran la cabeza. Una réplica de Alma fumaba mirándolos. Llevaba los ojos pintados de negro y parecía rebelde, mucho más rebelde que su hermana. Un chico apareció a su lado y los miró.
- He venido a recogerla, le prometí un día en la playa después de tantos meses fuera de la ciudad. 
Dean miró a Alma, que aún sonreía con lágrimas en los ojos. La chica se llevó una mano a la boca y soltó otra carcajada. De repente, todo era tan claro como el agua. Aquella era la hermana gemela de Alma y el chico de su lado el recibidor de sus besos.
- ¡Y yo que me preguntaba quien se había tomado mi tazón de cereales! - exclamó Alma, sonriendo.
Todo aquello había quedado, por suerte, en una terrible confusión.

2 may 2011

Cigarettes III

Dean y Alma un poco más atrás.

- Maldita sea, Dean, habla ya - gritó Alma, sintiendo el silencio en cada poro de su piel. 
Pero el chico no contestó y siguió leyendo el libro de astronomía. Con un nudo en la garganta, la chica cogió uno de los cojines y se lo tiró a la cara, pero el joven siguió sin inmutarse - ¿Pero que se supone que te he hecho yo? - gimió, tapándose la cara para que no la viera llorar. Todas las tardes muriéndose por Dean, todas las tardes deseando una mirada suya, una palabra suya, un abrazo suyo. Lanzando sonrisas que al final él nunca correspondía. Pensando que no podía ser, que él no la quería, que nunca jamás lo haría. Dean levantó la mirada del libro y la observó. Sus ojos estaban gélidos como el hielo y parecían llenos de dolor. 
- Ese es el problema. Que no me has hecho nada. Que me ignoras, que pasas de mí y nunca me dices ni media palabra. Que voy a la cocina y te encuentro allí, besando a un don cualquiera con el tazón de cereales que yo te preparé en la mano. Pensé, no sé... - tenía los ojos vidriosos, pero se recuperó de repente- pero ya da igual, estoy cansado de tus miradas de niña buena, de tus sonrisas... de que juegues conmigo de esa forma. 
- Ay, Dean... - murmuró Alma, llevándose una mano a la boca. Se acercó a él lento, muy lento, hasta que estuvieron labio frente a labio.
Entonces Dean se levantó, dejó el libro encima del sofá y ambos se miraron.
- Basta de tonterías, Alma. O te aclaras o esto se ha acabado incluso antes de empezar. 

26 abr 2011

La pequeña gran historia de la pequeña gran Pam.

Pam le tiene miedo a los cuentos de monstruos y a las avellanas. Detesta las cosquillas. Ama los besos con la nariz y las sonrisas. Desde que sabe leer, lo hace siempre debajo de la almohada. Ha cogido prestada una linterna del enorme armario y seguro, seguro, que nadie la echa de menos.  En las vacaciones de verano, pone dos sillas -una frente a otra- y se crea su propia  tienda de campaña. - La verdad es que Pam es un poco miedica, y en vez de acampar en el exterior, lo hace en su cuarto, con el ventilador encendido y mangas cortas, a salvo de cocos y animales de orejas anchas-. 
Es una chica un poco especial, escucha jazz y, muy de vez en cuando, se permite el placer de la música clásica. Dice que es azul, como el mar, como el cielo, como las cosas bonitas, que tiene poderes mágicos que le  permiten internarse en mundos inimaginables y cuando se siente mal, con ganas de llorar, crea a leones que hablan, a estrellas caídas del cielo y a ella sin lágrimas.
(porque le gusta mucho imaginar)

20 abr 2011

Como un pirata de verdad.

Hacía maquetas de barcos pero no las encerraba en botellas de cristal. 
Soñaba con convertirse en navegante de mares, en corsario o solo, si no le quedaban más opciones, en pirata. Tenía un mapa de navegación que había hecho con su compás de las clases de plástica y papeles pintado con acuarelas color marrón, para asemejarse más a los pergaminos que ellos utilizaban. Le gustaba quemar los bordes y dejarlos secar en un rincón de la azotea, con las pinzas de plástico de mamá. 
Cuarenta años después, una tarde de trabajo en casa, de componer historias de barcos -para rellenar ese hueco de las ilusiones que nunca se habían cumplido-, pasaron ante su ventana dos niños con pañuelos en el pelo, un barco pirata de juguete y dos papeles pintados de marrón con acuarelas.
Y le hizo tanta ilusión, y volvieron tantos recuerdos, que salió ya para todos viejo y maltrecho y empezó a jugar junto a ellos sin reparar en edades ni en tiempo.
Después de tantos años, aún Neptuno le recuerda.

17 abr 2011

Cigarettes II

Dean sintió como algo le recorría por dentro. Un tormento de sensaciones, de palabras, de lágrimas en los ojos. Se quedó quieto durante un tiempo indefinido hasta que el nudo en su pecho desapareció, dejando paso a un vacío que lo dejó inválido, a punto de caer. Nunca tendría que haber llegado a aquella puerta, nunca tendría que haber dejado que aquella tormenta de sentimientos entrara dentro de él. Se lo había cuestionado muchas veces, preguntado hasta la saciedad, había robado casi todo su tiempo, suspiros y quitado el sueño, pero ya tenía la respuesta, y la respuesta era no. 
Nunca había sido capaz de reconocerlo, y pese a que iba de duro por la vida, atrayendo a todas las mujeres del mundo con aquel pelo crespo y los pañuelos blancos, era tímido, oculto en sí mismo, incapaz de dejar que los sentimientos dieran muestra alguna en su rostro. Para no mirarla mientras estaba con él, para no soñar con cosas imposibles (la negatividad era su signo característico) se refugiaba en libros, aunque casi nunca leía, cerraba los ojos y no hablaba, porque si lo hacía estaba seguro de que el "te quiero" saldría de sus labios. 
Y ahora la espada clavada en su pecho, los ojos anegados en lágrimas, paralizado como si hubiese sido convertido en piedra, observaba tras el marco de la puerta sin que nadie reparara en él. Se sentía mal, fatal, porque allí estaba Alma.
Estaba Alma besando a otro. 

¿Quieres conocer a Alma y a Dean? Mejor empezar por el principio.

9 abr 2011

Lady Margot (princesa del cuento real)

Ya está aquí la revista número uno de Lubdub, donde participo. Echadle un vistazo. 

Eran Lady Margot sus vestidos largos y ajustados, sus paseos a las seis de la mañana por las avenidas de la ciudad, pagar a los taxis en monedas de 20, construir castillos de cartas en los que no se podía ni respirar. La sonrisa sobre el mar en abril, en mayo, en septiembre y a las doce del domingo. Sus días favoritos eran los martes trece y su número, el siete. 
Conocían a Margot por muchas cosas, pero nadie se olvidaba de sus historias. Hablaba con cualquiera, era mundos inventados para cada persona. Había asimilado miles de vidas y las guardaba todas en archivos desordenados dentro de su cabeza. Si quería soñar, adicta a los Coca Colas y a los ojos verdes, dibujante de recuerdos o acompañante de Quijotes. Si quería ligar, modelo en pasarelas que habían pasado de moda, soltera sin hijos y deseosa de besar, suelta de manos y libre de palabras. Otras veces ejercía de ejecutiva en la gran empresa de Charls, cuidadora de enfermos en un hospital, profesora de infantil y de baberos ensuciados, química de sentimientos y filósofa de historias que aún había que contar. 
Eran Lady Margot ella y sus sonrisas, una princesa en medio de la ciudad, única. Decía inventarse todas sus historias, pero lo cierto era que siempre, siempre, se le colaba alguna realidad. 

2 abr 2011

Antes que a cualquier Julieta.

- ¿Por qué yo, con estos pelos encrespados y esta sonrisa medio rota, con estas pecas en todo el cuerpo, estos ojos tan normales, esta nariz poco afilada, los pómulos alzados y blancos, pálida desde lo hondo, qué por qué yo, que ni siquiera beso bien ni como palomitas, ni tengo calcetines a rayas largos, de esos que llegan hasta las rodillas y que prefiero el chocolate a cualquier verdura. Qué por qué yo...?
- Porque te prefiero a ti antes que a cualquier Julieta. Porque me encanta cuando te secas el pelo y te cae sobre la frente, que tu sonrisa es tímida, secreta, y cuando sale te llena de esperanza y de alegría, que tomaste el sol con colador y aún perdura el bronceado, y si te sonrojas, dan ganas de comerte entera. Que tu belleza llega hasta el infinito y se pierde, incluso, incluso, entre las estrellas. Pesimista me atrajiste a mi, los polos opuestos del imán, tan viva en este mundo gris, tan modesta y encerrada en ti misma. ¿Y sabes qué? Lo que más me gusta de ti es ese lunar justo en el lado izquierdo de la oreja, el que siempre queda tapado debajo de la almohada en las noches de primavera. 

26 mar 2011

Cigarettes I

Alma aquella tarde a la batería, con Dean sentado en el sofá vintage, se dio cuenta. Él nunca sería su héroe, siempre tendría que compartirlo con los demás.
Ambos formaban la pareja perfecta, dos chicos duros de gafas de sol, cigarros en la boca y pastillas de menta para los dolores de cabeza. Oscuros en su pasado y fríos en su presente, rechazadores de cualquier ofrenda del amor y ligados a las baterías y a los grupos de rocks. Nadie sabía nada sobre ellos, pero todos habían oído hablar de sus historias alguna vez. Eran como dos héroes entre las sombras, de esos que hacían justicia por los demás y nunca por ellos mismos, que giraban la cara cuando alguien les iba a hablar y no pronunciaban palabra, como si estuviesen mudos. 
Sin embargo, una vez solos, el mundo se reducía a la monotonía del silencio y a las peripecias de historias que narraban sobre un pasado inventado. Alma tocaba nuevas canciones y Dean leía libros sobre el universo. Nunca intercambiaban palabras, ni se miraban a los ojos, ni sonreían, y cada vez que ella le miraba, sentía un punzada de dolor porque siempre estaba haciendo otra cosa, porque no se molestaba en alabarla ni en susurrarle cosas al oído. Y por las noches, en la cama, se preguntaba si su amor por él era o no correspondido.

17 mar 2011

Lista de buenas cosas para tener (siempre) a mano.

Tres puntos, un cero y una coma. Catorce décadas de sonidos de guitarra, ungüento de mantequilla y leche condensada para los malos ratos. Algunas galletas rellenas de chocolate y una lista de deseos. Cinco Dos peluches de osos o una foto tomada junto al parabrisas, lechuga en la ensalada y queso rallado con nueces, Ratatouille, tenedores afilados y pizcas de sal cristalina. Sentimientos (véanse claros ejemplos de locura, verdad, esperanza, alegría y amor), abrigos rojos, mangas cortas con Mickeys plasmados, ojos sin lágrimas, bocas que reparten besos. Una blusa holgada para poder liberarnos, dos medias sin rayas, estuches llenos de lápices diferentes y corazones de gominola para tomárnoslos por las noches.
Tú,
Yo
Y el infinito.
(que tampoco es tan difícil de alcanzar)