Dime si tu te vas en primavera, dime que haré yo, sola. Hundirme en el sofá, dejándome caer suavemente, casi rebotando bajo el lino, apoyados mis pies sobre la plataforma de metal que me sirve de apoyo. A mí y a mi corazón. Te necesito para estar aquí, porque sin ti no soy nada, solamente una persona más en un mundo cualquiera.
7 mar 2010
Solo
Solo un momento más, una experiencia más, una vida más.
Solo tus sueños, tus locuras, tus sentimientos.
Solo el rozar de tu piel en mis párpados.
Solo... tu y yo, nadie más, hundidos en un mar de lágrimas.
6 mar 2010
Crónicas de estar por casa XII
Nos sentimos solos, cansados.
Terminó de cocinar y se lavó las manos con el trapo sucio que ya debía de haberse lavado. No tenía ganas de nada, solamente quería quedarse dormida hasta que se terminara el día y, entonces, renacer de nuevo. Ojalá las cosas le fueran mejor mañana. Las noticias se volvían pesadas, angostas e insoportables. Trágicas noticias se aglomeraban en la pantalla, peleándose, casi gritando e intentando cobrar un mínimo protagonismo. Que lástima. Se sentó en el sillón, mando en mano, haciendo un zapping infructuoso. Los ojos se le cerraban, los párpados se volvían pesados, las pestañas eran como rejas ante su iris. Pero debía seguir despierta. Llegó a las doce de la noche, él se quitó el chaquetón y lo dejó colgando en la percha. La oscuridad quedaba rota por la luz que se colaba en el espacio abierto de la puerta. El sonido de la televisión - una película de indios- se oía como música de fondo. Sonrió. De nuevo se había quedado esperando. Entró en el salón, la arropó con una manta y le dio un beso en la frente. Ella se despertó desconsolada y se arrepintió por haberse quedado dormida. No era más que un gesto, unas buenas noches, solamente el intentar verle después del trabajo, pese a que el cansancio se le cayese encima.
- Buenas noches...
Ojalá el día de mañana sea mejor, ojalá podamos ver un atardecer juntos, apoyados en el alféizar de nuestra ventana.
No estamos solos
Alguien nos espera, alguien nos llama, alguien nos ayuda a salir hacia delante.
El silencio esconde rudas palabras...
Sin darme cuenta.

Llegó el día en el que me perdí sin darme cuenta.
Era de esperar, la oscuridad se cegaba cada vez más sobre mí, se abalanzaba, me agobiaba y yo no podía más que acurrucarme en un rincón, muerta de frío y de miedo, muerta de rabia. Aún recuerdo el día que la conocí, vestida ella de negro, yo de blanco, ambas en el parque, oyendo de fondo el gritar de un niño. Nos saludamos educadamente y nos sentamos en un banco, cada una en una esquina, polos opuestos en el mismo mundo. Fue ella quien rompió el silencio. Carraspeó, se puso la mano en la boca y me lanzó una mirada de soslayo, casi sin darse cuenta nuestras manos se tocaron. ¿Y que culpa tenía yo de estar en el parque, en aquel momento? La oscuridad vana, silenciosa y lúgubre me tendió una trampa.
Los árboles junto al otoño, dejando caer sus hojas color del alba, color amanecer nítido y precioso. Caían sobre el agua, creaban hondas que parecían mensajes secretos lazados a los peces. Yo no era capaz de reparar en ellos, no era capaz de observar la mariquita posarse sobre las ramas desnudas, porque la oscuridad me cegaba. Recuerdo el momento justo, yo sentada sobre la barandilla, balanceándome, como queriendo caer y desplomarme contra el barro. Ella llegó y me tomo de la mano, yo no pude oponer resistencia.
La oscuridad iba de negro y yo, de blanco. Nos perdimos en ese mismo atardecer, descendiendo por un caminito de piedras y fango.
Nombres... JACK
La piel clara, así tan simple, con esos ojos de la mar, observando el horizonte ante él. Siempre cerca del mástil, gritando ¡marinero viento en popa!
Con esa barba de diez días, ni tan siquiera tres, pipa en boca, absorbiendo el humo por la nariz grasa y regordeta. Con esos ojos pequeños típicos de marinero, avizor a cualquier problema, a cualquier movimiento.
Abría y cerraba la boca, absorbía el tabaco como si fuera el aire matutino de la mañana, y entonces tosía. Era algo tan rutinario, tan cansino, angosto y agobiante, que la vida se le pasaba a cámara lenta cada vez que le entraba el escozor de garganta. Carraspeaba como si así se le fuera a ir el humo de los pulmones, se daba una vuelta por cubierta y después descendía al dormitorio.
Jack, gritando siempre ¡marinero viento en popa! un día se lo tragó la mar, su mar querida, su voz se ahogo y murió, dejando sólo la leyenda.
5 mar 2010
¿NO VES QUE ESTOY LLORANDO?

¿No ves que estoy llorando? Pero tu no te das cuenta.
¿No ves que estoy llorando? Simplemente me miras apenado y te das la vuelta.
Maldito furor, maldita injusticia, maldita traición falsa, acreditable a cualquiera. ¿Quién se iba a esperar esto de tí? Tu con tu sonrisa, con tus bromas, con tus besos, con tus gestos... y ahora te vas, y me dejas, y me dejas sola en un mundo cruel, demasiado maduro para mí.
Los defectos de las personas, que aman demasiado, a corto plazo, como si el corazón de una personas, sus sentimientos, fuesen una cosa con la que se puede jugar, pasar de mano en mano hasta que quede pringosa y sea mala.
A veces juzgamos demasiado pronto a las personas, sea para bien o para mal, sea porque creemos que podemos confiar en ellos o porque es lo único que nos queda, lo único que tenemos. Sea porque somos jóvenes, con ganas de todo, de nada, que queremos probarlo todo, como creyendo que el tiempo se nos acaba, agotar las experiencias en un corto plazo, pagar con billete de autobús y punto.
¿No ves que estoy llorando? Lloro por tí, porque ahora que soy madura ya sé que no debí de haber perdido mi tiempo con una persona como tu, egoísta y malvada.
Eso me pasa por querer hacer algo para lo que no estaba cualificada, por no esperar... ojalá que esta experiencia se la lleve el olvido.
Tu me miras apenado y te das la vuelta.
Nombres... JULIA
Empiezo esto porque cada nombre tiene una historia en mi mente, y cada letra va vinculada a una persona especial, que aunque no se llame de esa forma, existe en la realidad. Aquí os dejo la colección de nombres, un mundo extraño, raro... que ha aparecido en mi mente de repente.
Las mujeres son siempre las que lo hacen todo, tal vez sea por la inculcación del machismo, tal vez sea porque nos creemos sumisas, porque nos creamos barreras, o porque nos las crean.
Pues Julia no era así. Ella llegaba a casa cuando el se ponía, con ese pañuelo por sombrero, con esos pantalones vaqueros rotos de niña adolescente, con esa camiseta que gritaba a los cielos, que rezaba: "I LOVE YOU" Como si de verdad sintiera eso por el mundo. Los botines no eran más decentes, pese a no estar hechos a mano.
Aún todos creyéndola niña, pequeña e infantil, Julia se guardaba siempre un as en la manga. Y ayudaba a cruzar los pasos de peatones a los mayores, cogiéndoles el bastón, dándoles un abrazo cuando el paso de cebra finalizaba. ¡Oh! Nunca podré olvidar ese día, esos momentos que pasamos en la terraza, contando las estrellas, ella velozmente, yo lenta y con mi agonía. ¿Cuántas hay? Le preguntaba, y con sus dientes mellados, con su sonrisa, con sus pecas, me miraba como si hubiese dicho una barbaridad, algo temeroso. La realidad era que las estrellas de Filipinas eran preciosas, pese a que en realidad nunca haya viajado allá. Creo que se ven un poco diferentes.
Otros días le preguntaba que como le había ido cuidando de sus hermanos pequeños, que si había hecho la colada. Ella con sus ojos avellanas, con sus palabras me desviaba del tema, lo esquivaba. Al final siempre terminábamos contando estrellas, siempre.
Uno
Dos
Tres
Cuatro
Pero ella iba más rápido.
Nombres... GUS
Empiezo esto porque cada nombre tiene una historia en mi mente, y cada letra va vinculada a una persona especial, que aunque no se llame de esa forma, existe en la realidad. Aquí os dejo la colección de nombres, un mundo extraño, raro... que ha aparecido en mi mente de repente.
Gus era de esos que no sabían más que tener un cigarrillo entre los dedos índice y corazón, era de esos que fruncía el ceño, se arrellanaba en el asiento y te escuchaba sin escucharte, como si fueses la televisión, monótona al fondo del salón, de simple banda sonora que lo único que hace es animar.
Le gustaba jugar a juegos del azar, pero de esos juegos que son la vida, cuya apuesta no tienen remedio una vez hecha. Se iba de bar en bar, jugando al billar, dándole a los bolos, echando las cartas del poker sobre la mesa, pies en pólvora cuando perdía y su apuesta era demasiado para cumplirla. Era por eso que tenía veinte personas fuera echando humos, tras los cristales verdes de los casinos, jugueteando con los billetes, esperando un despiste para arrancarle su falsedad de un tortazo.
Gus era de esos que no sabían más que reír con cosas vanas, absurdas y horteras, de esos que creían que la vida era un juguete barato, como una cámara desechable. Usar, usar y tirar.
3 mar 2010
Crónicas de estar por casa XI
Me levantan del sofá donde yacía sumida en mis pensamientos, cogiéndome del brazo, tirando bruscamente. Mi cabeza apenas tiene tiempo a reaccionar, el tiempo es lento y continuo, pesado. No me quiero mover, estoy cansada, con ganas de dormir, de quedarme sola en casa, sola con mis penas, mis llantos y mis amarguras, sola con mi malhumor y mis gritos obscenos. En realidad seque, cuando ya no este me echaran de menos; lástima que no se den cuenta.
Mis pies vuelan por encima de la alfombra, pasan el marco de la puerta sin que me de cuenta y de repente salen a la calle, el sol me da en la cara, produciendo el impacto total, quitándome el sueño de encima. Agito la cabeza cegada por el astro amarillo y me niego a abandonar mi hogar, mi vida, mis sueños, mi cama de siempre.
Me peleo, me escapo, lanzo lágrimas desconsoladas, pero su fuerza es mayor, de nuevo todo pasa ante mis ojos a cámara lenta. Me montan en el coche, cierran la puerta, los retazos de una conversación llegan a mis oídos como una célebre música de fondo, como si nada.
Adiós hogar de siempre, donde quedaran mis penas y mis alegrías... adiós, ojalá me quede la nostalgia.
24 feb 2010
Crónicas de estar por casa X
- Me duele la barriga.
- ¿Otra vez?
- Sí, y mucho.
- Pues había chocolate de postre.
- Es como si se fuera aliviando...
- Olivia...
- Ya casi no me duele nada.
- Me parece perfecto, hay que ir al supermercado.
- Um... mi dolor de barriga, ya sabes, hay cosas que persisten.
***
- ¿Y que te pasa, Olivia?
- Que me duele la barriga.
- Déjame que vea...
- ¡no! No me hace falta
-¿Seguro que no puedes aguantar? Nos lo pasaremos genial.
- Mmm... es que no veas, mi barriga, no puedo con ella.
***
- ¿Qué te pasa, Olivia? Vienes conmigo a...
- ¡¡¡Me duele la barriga!!!
Y, al final, se quedó en casa.
Y, al final, se quedó en casa.
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