4 ene 2011

Memorias de un cuaderno teñido de verde.


No quiero escuchar más a Peter Pan ni a sus cuentos de hadas. Odio que me digas que te quiero y suenen a palabras vacías y huecas. No puedo soportar las mañanas porque ya no huele a mantequilla con tostadas y porque los gritos ascienden hacia el cielo y se desvanecen entre las nubes. 

La abuela Tan escribe todas las noches, cuando el mundo se ha ido a dormir y nadie puede verla. Algunas veces le inspira la Torre Eiffel, otras el mar en calma que se ve por su ventana. A la abuela Tan le gusta desahogarse en las letras y dejarlo todo plasmado en papeles de una libreta verde que esconde en la funda de la almohada. Si su marido la descubriese (letras rebeldes entintadas) no le quedaría ni para secarse las lágrimas. 
Cuando él se va a trabajar sale de casa enconvarda, con la toquilla negra y una bolsa de cuero que le regalaron por la primera comunión y que aún conserva. Se mezcla entre la hierba alta del prado y tumbada sobre el mantel de cuadros escribe y escribe hasta que se le agotan las palabras.

En el Homenaje bloggero de María he salido 
tercera en los votos y el premio era una
 entrada de la que estoy muy orgullosa. Click.

31 dic 2010

Querida Ellie...


Es sentarse en una hamaca y abrir el álbum de fotografías viejas que ya apenas recordabas. Es llorar con una película de la que nadie tiene ganas y saltar a la comba con amigos que no veías desde la infancia.
Tu recuerdo patente en mi mente, la imagen de tus besos, de tus caricias y de tus sonrisas, de tus verdades y de tus mentiras, de tus sueños y de tus palabras hondas. 
El iris azul y la pupila que se dilataba en las noches oscuras cuando hacíamos de exploradores intrépidos y viajábamos al universo en busca de estrellas perdidas y de cohetes extraviados. Nos gustaba hacer barcos de arena en la playa y esperar a que la marea se lo llevara (éramos como piratas  que surcaban los océanos y luchaban en alta mar a los que les gustaba pedir helados de fresa con cacahuetes).

Querida Ellie:

No sé que decirte de lo que ocurre ahora aquí. Las cosas se han vuelto del revés y no le encuentro sentido a nada. Sin ti no sé sonreír y cada vez que veo tu sillón vacío los recuerdos penetran en mi mente y hacen que el tiempo parezca insoportable. Aún guardo en la cesta de mimbre los billetes de viaje que ya no sirven para nada. Los cuadros que pintaste, las fotos que te tomaste, todo me rodea y me aprisiona, todo hace que esto se convierta en agonía y desazón. Maldito recuerdo. Malditos recuerdos...
Querida Ellie, no sé porque te fuiste así sin decir nada y me dejaste solo, vacío y muerto. Eras tú mi medio corazón y la parte positiva de mi cuerpo. Necesito que vuelvas. Necesito que estés aquí para empezar de nuevo.
Te necesito para vivir.

Con cariño, Carl.


Esta entrada cargada de recuerdos es lo que dejo para finalizar el año 2010, que se va con más de 700 seguidores. Entre las personas a las que tengo que dar las gracias se encuentran anasthinkings, meryC, palabras dulces, María, Blisay, Blanca, Palabras perdidas, Madison N.Chesire, la Srta. While, Niicky Gray, Laura Drop. R y SemiElfa Mish.Porque fueron las primeras que me siguieron, que creyeron en mí cuando apenas tenía seguidores y era una niña que se internaba en esto de blogger. Muchas gracias a todas y que sepais que os seguiré y leeré siempre.

28 dic 2010

Quiero vivir mi camino.

Salta. Vive. Experimenta. Sueña. Crea.
Ponte un traje amarillo con miles de volantes que ondeen cuando des vueltas hasta perder el sentido. Baila descalza, si te compras calcetines que sean a rayas y de miles de colores diferentes. Cuenta los coches rojos que pasan por delante de tu ventana en las tardes de primavera. Cámbiales el nombre a la escuadra y el cartabón  para confundirte cuando hagas las perspectivas. Pinta con los rotuladores que te regalaron por tu cumpleaños hasta que se confundan los colores, ve a las playas en autocaravana y cómete un bocadillo de mermelada de naranja a orillas del mar. Ve las puestas del sol solamente el catorce de cada mes, y en febrero  dibuja corazones en la colcha de tu cama. Lee revistas baratas y compra (aunque sea solo una vez) una película de los años sesenta que nunca has sido capaz de ver. 
No argumentes tus respuestas ni tus acciones, no te preocupes por el mañana ni por el ayer y vive el presente. Crea un perfume con olor a ti y un perfume con olor a él. Crea una lista de lugares a los que tienes que ir y de cosas raras que nunca harás. Pon la radio por la mañana y sintoniza el canal de música antigua para poder escuchar a los Beatles y a los Rolling Stones un rato. Sácale la lengua al vecino que te mira desde el balcón y compra un billete que no va a ninguna parte. 
Sé parte de algo, de alguien. Sé parte de ti y de tus sueños y sobre todo sigue tu camino.
(Aunque está permitido desviarse)

25 dic 2010

Góndolas (y París)

Este es un fragmento de la novela en la que me encuentro inmersa 
ahora mismo, la he empezado hace poco y el nombre provisional es "habitación 14" 
si sigue marchando bien os dejaré otros fragmentitos.

Holly se había puesto unos tacones negros que solo se encontraban en el centro de Madrid y unas medias negras que no ocultaban la silueta de sus piernas. Mientras caminábamos por la calle sentía la mirada de miles de personas clavadas en mi nuca. El café no estaba abierto, así que dimos varias vueltas a la manzana y al final nos quedamos en el parque, sentados en los columpios. Hablamos de su pasado en París y de las ganas que tenía de volver a ver la Torre Eiffel. Yo en cambio me moría por Venecia y por sus góndolas sobre el agua.  Me sacó una foto que llevaba en el bolso donde se la veía inclinada hacia delante en una, saludando a la cámara, a punto de caer. Y sonriendo. Siempre sonriendo con esos labios color carmín que le iluminaban la mirada. 

14 dic 2010

A lo mejor me guardo los "te quiero" para luego.

Para leer este relato dale al pause del reproductor y al play de esta canción.
Este es el secretito desvelado, para verlo pincha aquí.

No dejo de escuchar canciones tristes y de utilizar palabras absurdas que no sirven para nada. Creo muletillas que ni siquiera existen para poder participar en la conversación y no quedarme solo escuchando. Carlos me ha dicho que si hay cuatro personas y una hora para hablar a mi me corresponde solo un cuarto, pero tengo muchas cosas que contar y historias que al final siempre dejo para luego. 
El reloj ayer dio las doce de la noche y yo seguía tumbada en el sofá observando la pared de los años sesenta llena de estampados que hacen que recuerde cosas y sentimientos dolorosos que no quiero ver más (porque un día los guardé con llave en el fondo de mi corazón). Entiendo poco de lo que me cuentas a veces, pero escucho porque siempre llevas razón y porque Carlos me dijo que no era mío el tiempo de los demás, que a eso se le denominaba egocentrismo. Es una enfermedad difícil de curar que todos reconocen en los demás (pero no en ellos mismos).
Ayer cogí un tarro del armario y lo llené con corazones y sentimientos de mentira, porque quiero que dentro de mi solo quede realidad. 
¿Y sabes qué? A lo mejor me guardo los "te quiero" para luego.

8 dic 2010

Son solo 2 cucharadas de miel

Imagino que será difícil para ti, que con esta canción triste de fondo despedirse puede resultar el doble de duro. Pero dime, no sé si las palabras se han ahogado en tu garganta mientras veíamos el sol cruzar el horizonte, dime que es lo que sientes cada vez que recuerdas las tardes de primavera y decías te quiero de forma automática, como si los gestos y los sentimientos se convirtieran en rutina diaria. 
Dime, maldita sea, dime la verdad. Habla porque sé que tienes mucho que contar sobre nosotros, mucho que contar sobre el mundo y su crueldad, sobre los copos de nieve en navidad, sobre los cristales empañados por el vaho, sobre los sueños. Tú me regalaste una guitarra eléctrica y yo un reloj al que le tenías que dar cuerda (porque no me quedaba dinero ni para llorar). 
Te fuiste en ese globo como ayer, elevándote en el aire. Hoy he ido al médico y el doctor me ha recetado dos cucharadas de miel.
Una para el corazón y la otra para el alma.
Algo se cuece en Globos de Agua por los 600 seguidores...


4 dic 2010

La chica del paraguas azul (8)

Eva abrió la puerta de su piso. El calor que le había infundido el chocolate se le había subido a los mofletes, que parecían cubiertos por capas y capas de maquillaje. La bufanda azul le calentaba los labios y Max no podía parar de mirarla. Ella no se daba cuenta.
Era como entrar en un mundo diferente. Las paredes color añil daban calma y los cuadros, colocados en desorden, causaban una pintoresca impresión difícil de definir. Se quedó parado en el portal, con varios copos de nieve pegados en el gorro y el abrigo desabrochado. 
- No es mucho, pero he intentado hacerlo mío, personalizar hasta el último detalle.
Sin duda lo había conseguido. 
Max entró después de titubear durante unos segundos, mirando anonadado a su alrededor, intentando no perder el más mínimo detalle de lo que le rodeaba. Era como estar metido en una obra de arte. 
- La casa es... es genial. Me encanta- parecía nervioso.
- ¿En serio? Nadie hasta ahora me había dicho nada de ella- Eva la mira de nuevo, como si tuviese que observarla bien para cerciorarse de que lo que el chico dice es cierto. Después se encoge de hombros-puede que la gente solo diga las cosas cuando están mal, para fastidiar. O puede que, simplemente, no se hallan dado cuenta. 
- Pues entonces la gente esta ciega- murmuró Max, maravillado y asombrado.
- O puede que no vean lo que no quieren ver- y sonrió, sabiendo que había dado en el clavo. 

I,II,III,IV,V, IV, IIV

26 nov 2010

El eco rebotando en las montañas...

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Eras un príncipe travieso y yo la princesa de pelo corto encerrada en la torre. Vestías de verde y yo de rojo, porque nos gustaba llevar la contraria. Yo había roto mi corona y con los diamantes había creado figuras color malva. Tú no venías a rescatarme en la noche ni trepabas por las enredaderas que ascendían hacia arriba a un ritmo vertiginoso. 
Nos gustaba cenar mirándonos a distancia, 
mandarnos besos que el viento se llevaba.
Gritarnos y oir el eco
rebotar contra las montañas.
No había calabaza ni zapatos de cristal, no había campanadas que rompían los sueños ni trenzas largas y rubias. Estábamos solo tú y yo, sin nada. Y cuando quisiese saltaría sin pensarlo, sin meditar, para que tus brazos me acogiesen y tus caricias se convirtiesen en parte de esta realidad. 

21 nov 2010

Notas de piano inexistentes y guitarras eléctricas rotas.

El teléfono sonó y yo no estaba en casa. La abuela Nana lo cogió con dedos temblorosos y, cuando colgó, se quedó en silencio varios minutos, a la espera de que alguien le dijera que lo que acababa de escuchar no era real. 
Alma a la guitarra eléctrica cantaba canciones tristes para mí esa misma mañana. Yo bailaba sobre la tierra mojada sin importar que se mojaran los zapatos de cuero que me habían regalado por un cumpleaños que ya apenas recordaba. Joe y sus gafas de sol nos observaban desde detrás de un árbol con descaro. Estaba enamorado de mí y yo de sus sueños. No recuerdo cuando todo se rompió en pedazos. No el momento exacto. Solo sé que alguien llegó y me dio la noticia en voz baja, con cuidado, como si yo fuera una muñeca de porcelana que se puede romper. 
Cuando llegué a casa cerré la puerta tras de mí y vi a la abuela allí, sentada sobre la maca, meciéndose hacia delante y hacia atrás, como si no hubiese sucedido nada. No era necesario romper el silencio. Me senté frente al piano y lo toqué sin partitura, sin notas exactas. 

El mundo se ha vuelto del revés y ya no nos queda nada. 

Perdonad por mi ausencia, siento deciros que no creo que aparezca por aquí, 
y mucho menos por los blogs, a los que tengo abandonados. Sé que no he puesto casi 
ningún comentario, pero eso no significa que deje de leeros. En 
cuanto tenga tiempo regreso a las andadas. 

14 nov 2010

Tus recuerdos están guardados en globos de colores (junto a mí).

Escena de la película UP.

Me gustaba montarme en el tren cuando no sabía que hacer. Cogía una mochila roja llena de cosas absurdas y me la colgaba a la espalda (así llevaba un pedacito de mí para no perderme). Pagaba el billete sin prisas y esperaba sentada en aquellos asientos incómodos a la vera del andén. 
Después me montaba en uno de ellos, siempre junto a la ventana, para poder observar el exterior desde dentro de un vagón desierto. Colocaba la botella de agua fría en el posabrazos de la silla y esta se agitaba sin llegar a caerse. Sacaba del bolso un cigarro medio consumido y daba pequeñas caladas, viendo salir el humo y esparcirse por la habitación. Pegado a la puerta de salida, un cartel que rezaba "sala de no fumadores". Eran las doce de la mañana aquí y la una en casa. 
Recordaba a las muñecas de trapo que atábamos a globos de miles de colores y soltábamos en el cielo de las mañanas de marzo, antes de que la lluvia se apoderara de todo, antes de que los recuerdos volvieran a florecer con la primavera. El otro día, camino de casa después de volver del trabajo, me encontré a una de ellas colgada de un poste de madera. Una niña intentaba cogerla. 

Te gustaba montarte en el tren cuando no sabías que hacer. Ahora que no estás tus recuerdos y tu vida se han mezclado con la mía de repente. 
Y no sé si quiero quitármelos de encima. 

9 nov 2010

Y pataleé contra las olas del océano.

Con ganas de llorar y dolor en el estómago.
(Heridas y mentiras que duelen de verdad) 
Allí, en medio de ese mundo roto, con las olas mojándome los pies descalzos y el bañador adherido a la piel, con los pelos cubiertos de salitre y desalborotados, con la mirada en el horizonte y el sol poniéndose a lo lejos, me partí en pedazos y fue tan difícil recomponer las piezas...
Allí, en medio de ese mundo roto, las miradas valían oro y los minutos nada.