29 jul 2011
18 jul 2011
Recuerdo la nieve pura y blanca.
No recuerdo el momento exacto en el que Caleb
dejó de sonreír. Por mi mente sólo se dignan a aparecer imágenes sueltas, esas
que se quedan grabadas ahí y no son capaces de irse [...]. En mi caso, la imagen es un día de nieve,
ni tan siquiera una mota de suciedad en el ambiente. Los abetos, las casas, el río congelado, la hierba de la pasarela, el
puente, las carreteras, el puesto de Holly y los jardines. Sí. La imagen que se quedó grabada en mi mente fue un día de nieve
blanca, limpia, perfecta y pura. Ella y la sombra de alguien en medio de
aquel mundo como si la ceniza se
hubiese levantado, creando una figura humana.
Yo jugaba tranquilamente junto al puente. Formaba pequeños
muñecos de nieve que después destrozaba con los guantes. No reparé en la figura
hasta que se acercó a mí. La paz que sentía se fue
de repente y huyó donde yo no fui capaz de alcanzarla. Alcé la
cabeza, tiritando. Recuerdo los siguientes movimientos como fotografías: el hombre se agacha, sonríe de forma desmesurada, se quita el
sombrero y me hace una pregunta [...] Sin responderle, me levanté costosamente y le indiqué el camino a
casa. Apenas me di cuenta
de que por la calle las personas se paraban, nos miraban y acto seguido
cuchicheaban entre ellas. Poco después, muy poco, supe porque razón lo hacían.
En casa, mamá
cocinaba trozos de pollo en una cacerola oxidada. Cuando llegamos nos miró a ambos. Sus ojos verdes, aterrorizados, pasaron del hombre a mí y viceversa. Corrí a mi cuarto, llena de frío y, poco después, oí las voces. Las voces
y los gritos. Aún hoy los oigo, el latido de mi corazón
desenfrenado. Tardaron un rato en encontrarle. Le había dado tiempo a
esconderse bien. Tardaron un
rato, pero lo encontraron.
Nor no era mi padre, pero cuando desapareció tras
la puerta sentí una punzada de dolor en el estómago, sentí como me escocían
los ojos y poco después no pude ver más que siluetas, manchas de colores [...]
De ese día recuerdo la nieve blanca. El bien.
Recuerdo como los niños hicieron muñecos de nieve aquella misma tarde, que días después el sol salió y lo derritió absolutamente todo, y el mundo
volvió a ser de color. Recuerdo de ese día me quedé encerrada en casa, tumbada en la moqueta. Muerta. Vacía por dentro.
Recuerdo que ese día lloré, lloré tanto que se me gastaron las lágrimas y desde entonces nadie ha visto
una en mi rostro. Recuerdo el rostro pétreo de mi madre, la mirada perdida de mi
hermanastro y, por encima de todo, recuerdo aquel traje negro, aquel traje
marchito, aquella mustia sonrisa que ahora no quiero más que olvidar.
Maldito Diciembre de 1934*.
*desde 1933 hasta 1945 reinó en Alemania la ideología y el régimen nazi.
12 jul 2011
Las buenas historias (no) tienen final.
Mario era mudo. Quería expresar todo lo que sentía, pero como no podía con la boca lo hizo con la mano. De ella las letras salían despedidas, soltaban tinta y derrapaban al final del papel. Mario escribía con la esperanza de que algún día alguien le leyera, pero sus historias nunca tenían final y se quedaban abandonadas en el cajón con motas de polvo como chaqueta. Una tarde, cuando estaba a punto de perder la esperanza, Mario se montó en el tren de vuelta a casa y escuchó la voz de una chica un poco más atrás.
"Pues a mi no me gustan las historias de Tom, nadie sería capaz de creer en ellas con esos perfectos finales de cuento de hadas. Eso es lo que tienen los buenos autores, te hacen creer que lo que lees puede ocurrirte en cualquier momento, aunque sea tremendamente irreal. No, definitivamente no me gustan sus historias, en la realidad, las buenas nunca tienen final".
8 jul 2011
Espiar horizontes abrazados.
"Lo que me conmueve tanto en este principito dormido es su
fidelidad a una flor, la imagen de una rosa que resplandece en
él como la llama de una lámpara, incluso cuando duerme"
Y lo adivinaba aún más frágil. Hay que proteger bien a las
lámparas; una ráfaga de viento puede apagarlas...
Le Petit Prince, Antoine De Saint-Exupery
Se han quedado bajo la cama tus sonrisas imperfectas, tus ojos azabaches, tus manos largas de pianista, el sonido de tu voz serena, tu frágil estructura de huesos y carne, el hablar con las estrellas -Orión en las noches de verano- , las lágrimas saladas que se confundían con el océano, espiar horizontes abrazados, las galletas de chocolate en los bolsillos de la chaqueta, el vestido rojo para los atardeceres y el azul para un solo amanecer.
Ahora que te has ido, ahora que tu vacío late en mi sien, me doy cuenta de que es verdad, que me rescataste de mi mundo de penas y me llevaste a un lugar, incluso, más allá de la segunda estrella a la derecha, de que sin ti no soy nada y de que cuando me decías: cuando desaparezca, me olvidarás, no estabas en lo correcto.
¿Ves? Estaba tan enamorado de ti que conservo todos y cada uno de tus recuerdos.
4 jul 2011
The MemoryLess (fragmento)
Alejandra se quedó parada varios segundos observando el Porsche descapotable que había aparcado en la puerta. Vio que el conductor del coche era un hombre de mediana edad, con una cabellera cubierta de canas y la mirada perdida en algún punto de la carretera. Era la primera vez que lo veía, de eso estaba segura, pero había algo conocido en aquellos rasgos que le causaba una punzadas de añoranza. Alejandra mantuvo la vista fija en el él durante varios segundos y después buscó la señal de un posible copiloto. No tuvo tiempo de observarlo; inmediatamente se topó con sus ojos oscuros que la miraban con descaro. La joven reprimió un estremecimiento, pero no apartó la vista. Sintió algo extraño, una especie de sacudida eléctrica, como si todos sus músculos se hubiesen puesto alerta. Aquel chico, de aproximadamente dieciséis años de edad, se había levantado del asiento e iba hacia las escaleras del colegio. Justo donde ella se encontraba.
Alejandra se quedó paralizada, presa de aquella mirada hostil y, de repente, algo penetró en lo más hondo de sus pensamientos, dejándola inválida y vulnerable. Llevamos mucho tiempo buscándote. Se oyó en su mente, y en ese mismo instante supo que tenía que correr, correr como si fueran a quitarle la vida.
Esta es una pequeña parte de una novela
que he estado escribiendo en los últimos
días. Espero que os guste.
que he estado escribiendo en los últimos
días. Espero que os guste.
2 jul 2011
La vida de Tat
Tat se montó en el tranvía que recorría toda la ciudad con zapatillas de estar por casa. Fue creciendo entre los asientos llenos de verde, entre las barras a las que se tenía que aferrar de vez en cuando para no caer, entre las personas que entraban y salían, que cruzaban palabras y experiencias con ella. De repente, el tranvía aceleró y fue tan rápido que algunos pasajeros tuvieron que sujetarse los sombreros, amenazantes con salir volando. Tat no sabía a donde agarrarse, a quien sostenerse para no caer. Había pocas caras conocidas y los extraños la miraban ofuscados. Se asomaba a la ventana y veía solo imágenes desfiguradas que desaparecían a los pocos segundos y se fundían con otras. El paisaje cambiaba tan a menudo que ya no sabía ni que pensar, pero como todo, el tranvía volvió a la normalidad, se paró en la siguiente estación y nuevas personas empezaron a subir y a bajar.
Algunas llevaban maletas para quedarse y otras no aguantaban mucho tiempo, pero Tat hizo tantas amistades y compartió tantos secretos en aquel tren que el tiempo se le pasó volando. Volvió a mirar por la ventana y descubrió que la ciudad había desaparecido, sustituida por un campo lleno de amapolas en un anochecer perfecto. Llena de una paz infinita, Tat se quedó dormida en el tren y despertó a la mañana siguiente con el piar de unos cuantos pájaros. Había llegado a su parada. Bajó lentamente, sin prisas, sin maletas, y anduvo por la estación hasta que se la tragó la niebla.
28 jun 2011
Cigarettes VI
Había una vez dos partes de una misma historia, dos corazones entrelazados y palabras de tinta que se fundían en el mar. Había una vez dos pares de ojos grandes que jugaban a imaginar.
Alma había soñado con aquel momento tantos meses, tantos años, que no sabía si de verdad era real. Cada varios minutos debía de pararse a pellizcar su mejilla sonrojada para estar segura de que no tenía que despertar, pero no, allí estaba él, prendiéndole la cintura, con el sombrero borsalino de paja que le hacía parecer un explorador intrépido, místico y oculto en si mismo. De repente, en aquella puesta de sol junto a la calita en la playa, Alma se preguntó cuantos lugares había explorado antes de aquel momento, cuantas veces había pensado en ella y si en algún momento le había dicho su nombre a las estrellas.
(Ella sí que lo había hecho, tantas veces que seguro que sus palabras habían dejado estelas en la Vía Láctea).
Gigarettes no empieza aquí.
24 jun 2011
Repartían felicidad en forma de caramelos.
Le volvía loca la trenza sabor a fresas de Samanta, los abrazos a corto plazo y la mirada azul que siempre le lanzaba. Cuando se encontraba mal ella le limpiaba las lágrimas, sonreían y se besaban.
- Vamos a bailar.
- Ya sabes que se me da fatal.
- Da igual, me gusta ver la imperfección en lo perfecto.
Bailaban y bailaban, los pies de una sobre la otra al ritmo de la elegia de los pianos de Bach, y cuando se cansaban apagaban el reproductor de música y se sentaban en el sofá vintage lleno de estampados con una bolsa de palomitas de mantequilla en el regazo.
Hay quien dice que estaban locas, que lo que ellas tenían no podía ser amor, pero ¿sabéis qué? Claudia y Samanta alargaban la vida con cada sonrisa, repartían felicidad en forma de caramelos y cuando alguien les decía que estaban enfermas y que debían de arreglarlas contestaban que no eran muñecas de trapo fáciles de manejar y que si se les rompían las costuras ya se tenían la una a la otra para reparárselas.
Participo en esto, ¿por qué
no te unes tú también?
18 jun 2011
He subido a hombros de gigantes.
-Sentirlo aún más-
No puedo mentirte. Es cierto. Soy un soñador. Un soñador en este mundo de perfectos, de cuadrículas infinitas. Cuando era pequeño me creaba un tarrito de deseos y los iba depositando dentro poco a poco, como si así pudiese comprar la felicidad. Me gusta leer y vivir historias imposibles porque creo en la magia de las letras. Escribo para desahogarme, para mostrar a los demás un pedacito de mí y no cerrarme entre muros de papel que al final nunca sirven para nada. Por la noche vuelo en el barco de Peter Pan sobre la ciudad y empapelo las paredes de mi casa con Campanillas de colores. Odio a los superficiales; critican lo que no se puede cambiar y son ciegos a la verdadera belleza. Me esfuerzo por vivir, no por sobrevivir y me gustan me encantan las estrellas.
No puedo mentirte. Es cierto. Soy un soñador.
Y si he logrado ver más lejos ha sido porque he subido a hombros de gigantes*.
* Isaac Newton.
10 jun 2011
Cigarettes V
Cigarettes ha empezado unos cuantos atardeceres atrás.
No era Alma. Era su hermana. Su hermana gemela.
Dean tenía ganas de mirar hacia el cielo sin nubes, de no coger el teléfono y dejar que sonaran los tonos. De sonreír. La miró con aquellos ojos que se habían tragado la mitad del mar y quiso cogerla de la mano y regresar de nuevo a la realidad (porque se había estancado en un mundo de perfectos momentos).
Salieron a la calle para que el aire les reconciliara, armados con gafas de sol y un atardecer entre las casas labradas y viejas. Caminaron largo y pausado entre setos y adoquines por los que fluía el agua y charlaron, hablaron tanto que hubo un momento en el que se les trataban las palabras y, para no hundirse en un silencio incómodo, se besaron.
- ¿Sabes que yo voy a ser astronauta?
- ¿Ah, sí? ¿Y que harás cuando pises la luna?
- Gritaré que nos amamos, y seguro que el universo está de acuerdo.
- ¿El universo entero?
- El universo entero y su infinito.
3 jun 2011
Desaparece.
Me habían golpeado en la boca. Pero no me sangraba. Me habían pegado en el estómago. Pero no vomitaba. Me habían dado en el corazón. Pero seguía latiendo como si nada. Habían pataleado en cada una de las partes de mi cuerpo y yo seguía llena de vacío, ahogada sin agua. Muerta en los recuerdos.
Eso pasa por contar las cosas. Me dije. Por intentar arrimar a mi alma aquello que está dañado. Por consolarlo. Confié en uno y al final mil me devolvieron la gracia. Ya no me miraran. Al menos no de la misma forma. El rumor/ se esparcirá/ más rápido/ que el viento.
Soy estúpida. Una maldita e idiota estúpida. Dicen que las estocadas van por la espalda, pero no es cierto. Te dan por todas partes. Se ríen de ti. Te acuchillan a mentiras y al final siempre te matan.
Soy estúpida. Una maldita e idiota estúpida. Dicen que las estocadas van por la espalda, pero no es cierto. Te dan por todas partes. Se ríen de ti. Te acuchillan a mentiras y al final siempre te matan.
Lo siento, pero ya no tengo
ninguna gana de
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