Eran las doce de la noche.
Sin zapato de cristal.
Sin carroza de calabazas.
Sin mayordomos y con zapatillas de esparto.
Lluvia en el cielo gris y luna oculta tras nubes.
Árboles torcidos por el viento y luciérnagas en las aceras.
Hojas podridas acumuladas en el suelo.
Las diez y cuarto en el reloj atrasado.
Un viejo en el puente.
Caramelos de Hansel y Gretel.
Lobos y casitas de madera.
Luces de farolas encendidas.
Fotografías colgadas por un hilo en ramas.
Globos llenos de helio.
Estrellas fugaces que se escapan.
Sirenas que no saben cantar.
Una caperuza roja manchada de barro.
Sonrisas.
Eran las doce de la noche.
(Peter Pan volando a lo lejos).
7 nov 2010
3 nov 2010
Le había contado tantas veces las pecas de la cara...
Sentados uno frente al otro, se observaron durante varios minutos y sus miradas pobladas de sentimientos se cruzaron como tantas otras veces. Los tranvías pasaban ante ellos y algunos se paraban, vomitando a gente de bufandas largas, abrigos negros y gorros de lana.
True quería ver aquellos ojos oscuros, aquel cabello negro y liso, aquella sonrisa atrevida y esas ganas de vivir por vivir, de gritar. Le gustaban sus uñas largas, como cruzaba las piernas y la forma que tenía de tocarse un mechón que se había escapado de su peinado perfecto.
Lie quería quedarse observando durante tiempo indefinido, con las agujas de los relojes parados y oyendo solo su respiración acompasada. Las nubes pasaban sobre ella y los tranvías rojos parecían no querer recogerlos nunca. Le había contado tantas veces las pecas de la cara que lo sueños parecían reflejarse en cada una de ellas.
El aire
y el tiempo
decidieron
pararse
de repente.
1 nov 2010
La chica del paraguas azul (7)
Quién es esa, la chica del paraguas azul?"
¿Cuales son sus sueños?
¿Qué es lo que oculta?
Cuando la realidad se convierte en irrealidad y los sueños en pesadillas aparece ella... y todo lo que conociste deja de existir.
***
Se encontraba allí, tras la caja, acompañada por un tocadiscos antiguo del que salía música clásica que nadie querría escuchar. Max se acercó al mostrador temblando y carraspeó, intentando llamar la atención de ella y del hombre que, dado la vuelta, buscaba un detergente en la estantería.
- Buenas-musitó, en voz baja y nervioso- buscaba algo de comer...
- Puedes comer muchas cosas-masculló el hombre, dándose la vuelta. Las arrugas surcaban su rostro y sus ojos verdes reflejaban cansancio. Rió de su propia gracia absurda- busca lo que quieras, muchacho, pero rápido, que hay clientes esperando.
- Abuelo- la voz cantarina de la chica hizo que Max se estremeciera. Las palmas de la mano le empezaron a sudar- así vas a espantar a todos los clientes- sonrió- no sabes más que decir palabrotas y tratas a la gente como palos de fregona. Tú sigue que yo le atiendo. Sé lo quiere.
El hombre la miró de soslayo y dirigió la vista hacia el siguiente cliente mascullando algo por lo bajo. Max se echó hacia la derecha para no molestar a los demás clientes. El pie seguía un ritmo invisible.
- Así que sabes lo que quiero ¿eh?- jugueteó, intentando que no se le notara el sonrojo.
- Sí- fue precisa- sé que quieres un buen chocolate caliente, aquel del supermercado parece que no te hizo mucho efecto, aunque tal vez no lo encontraste.
- No me lo tomé- se mordió el labio inferior. Al menos se había acordado. Intentaba encontrar las palabras exactas, pero cuanto más se esforzaba más en blanco se quedaba- Soy Max- se presentó, intentando sacar un tema de conversación.
- Yo soy Eva- le tendió la mano y él se la estrechó. Tenía la piel suave y lisa- encantada. Hay una cafetería cerca de aquí, allí ponen unos chocolates buenísimos. Yo aún no he merendado.
- Yo tampoco ¿Me puedes decir dónde? Creo que es justo eso lo que necesito.
- No hace falta, yo te acompaño.
- ¿Tú me acompañas?- vaciló, aún sin creérselo. Aquello parecía un cuento de hadas- estupendo.
- Sí, estupendo.
Definitivamente, se había enamorado de aquellos ojos verdes.
28 oct 2010
Tú y yo, los sueños y la realidad.
Fue en la noche, junto a las notas de un piano gris, cuando desperté del sueño y la oscuridad inundó mis sentidos hasta que solamente fui capaz de notar cada alteración en mi piel. Miré hacia el único rincón iluminado y te descubrí allí, solo una figura encorvada, alumbrada por la luz de una bombilla a punto de apagarse, consumida por el tiempo. Me acerque a ti y te arropé con la manta que me había mantenido caliente hasta entonces.
- Deberías de haberme despertado. Estaba esperando a que llegaras para cenar.
- No es justo despertar a una persona del sueño. Sería como romperle las ilusiones, aquello que quiere convertir en realidad, que desea. Los deseos son algo tan profundo y melancólico que con ellos no se puede jugar.
Sonreí y, arropada por aquellas notas, me alejé de ti unos segundos.
- Son casi las doce de la noche y mañana vas a llegar tarde a trabajar.
Te levantaste de aquel asiento que habíamos ido a comprar solo para ti y, cuando estabas a punto de marcharte y de dejar de tocar, pulsaste las teclas con cuidado, con mimo, y una triste melodía inundó la habitación por unos segundos. Eran aquellos pequeños gestos los que habían hecho que me enamorara de ti. En aquel instante, cuando lo hiciste, un escalofrío recorrió toda mi columna vertebral.
- Vamos, que hay que madrugar.
- Tú siempre tan realista, con ganas de ver solo el mundo de verdad- te acercaste a mí e inundaron tus ojos la felicidad- escapemos de este mundo sucio, vivamos. Vivamos de verdad.
Te gustaba hablar en plural. Compartir las cosas.
A mí me gustaba tocar el cielo, y contigo lo conseguía.
- Deberías de haberme despertado. Estaba esperando a que llegaras para cenar.
- No es justo despertar a una persona del sueño. Sería como romperle las ilusiones, aquello que quiere convertir en realidad, que desea. Los deseos son algo tan profundo y melancólico que con ellos no se puede jugar.
Sonreí y, arropada por aquellas notas, me alejé de ti unos segundos.
- Son casi las doce de la noche y mañana vas a llegar tarde a trabajar.
Te levantaste de aquel asiento que habíamos ido a comprar solo para ti y, cuando estabas a punto de marcharte y de dejar de tocar, pulsaste las teclas con cuidado, con mimo, y una triste melodía inundó la habitación por unos segundos. Eran aquellos pequeños gestos los que habían hecho que me enamorara de ti. En aquel instante, cuando lo hiciste, un escalofrío recorrió toda mi columna vertebral.
- Vamos, que hay que madrugar.
- Tú siempre tan realista, con ganas de ver solo el mundo de verdad- te acercaste a mí e inundaron tus ojos la felicidad- escapemos de este mundo sucio, vivamos. Vivamos de verdad.
Te gustaba hablar en plural. Compartir las cosas.
A mí me gustaba tocar el cielo, y contigo lo conseguía.
24 oct 2010
Desconexión.
Las olas de la playa me recordaban a caracolas huecas que inundaban mis oídos. La arena se arrebujaba entre los dedos de mis pies descalzos y el tiempo parecía haberse parado de repente. En aquellos momentos, podíamos permitirnos decir cosas tan idiotas como te quiero. Aislados del mundo, nos sentamos uno a la vera del otro y vimos la puesta de sol acurrucaditos, pecho contra pecho, corazón contra corazón, alma contra alma. La vida nos sonrió indecisa.
El teléfono está apagado o fuera de cobertura.
Por favor, deje su mensaje después de oír la señal.
Gracias.
17 oct 2010
Hemos tirado (las ganas de llorar) por la ventana.
Fuimos a la tienda de antigüedades y compramos relojes de segunda mano que daban mal la hora, así el tiempo no existiría y podríamos hacer lo que nos diese la gana.
La volkswagen roja, ese rojo chillón y escandaloso que yo te dije que pusieras (y lo pusiste, tardaste pero lo pusiste), el colchón caro que tuvimos que ir a buscar a la tienda y que cargamos en una vaca invisible. Recuerdo que fui yo la que busqué la colcha de estampados que tan poco te gustaba.
No queríamos sumirnos en una rutina diaria.
Reíamos y salíamos las noches del sábado, sin miedo, sin peligros, estudiábamos en la pequeña mesa de cristal el uno frente al otro, y al final, de tanto mirarnos, tú te ibas a la cocina y yo al dormitorio.
Pensamos que las cosas buenas nunca cambiarían, que nuestro estado de amor y de felicidad sería el mismo para siempre y que cada mañana nos despertaría la respiración acompasada del otro.
Ahora somos una pareja más, con nuestro pequeño espacio en el mundo, con un apartamento en el centro de la ciudad y un coche con el que llevamos la compra a casa. Los relojes de segunda mano han sido arreglados, hemos crecido y ahora cada uno se centra en sus trabajos. Las noches de primavera son solo noches y los cuadros cosas para decorar. Es cierto que la vida pasa, que las cosas cambian...
Pero nosotros hemos tirado las ganas de llorar por la ventana.
13 oct 2010
Canciones tristes para soñar despiertos.
Madurar cada día un poquito más, con tiernos deseos en cada amanecer. Tocar notas en el piano que hay en el salón, junto a la chimenea y las flores rojas que recogimos en el campo esta misma mañana.
Nos dijeron una vez que éramos de esos de corazones hondos y palabras llenas.
Darnos besos color carmesí y miradas azules en primavera. Esperar en las noches de luna llena, en la mecedora, leyendo novelas escritas a manos, escuchando nanas hechas con el alma. Es tan corta la vida y tan grande las ganas de llenarla...
Nos dijeron una vez que éramos de esos que siempre tienen esperanza -y abrazos para regalar escondidos en los bolsillos de las chaquetas largas-.
11 oct 2010
#6- La chica del paraguas azul
¿Quién es esa, la chica del paraguas azul?"
¿Cuales son sus sueños?
¿Qué es lo que oculta?
Cuando la realidad se convierte en irrealidad y los sueños en pesadillas aparece ella... y todo lo que conociste deja de existir.
***
- Corre y ve a buscarla, entonces.
- Pero no la encontraré- replicó.
- Lo harás, seguro que lo harás...
Era así como había terminado. Ahora el paraguas para días fríos que llevaba le golpeaba la pierna. El hombre del tiempo había dicho que la lluvia no cesaría en toda la tarde, pero el cielo se mostraba azul y el sol hacía daño a los ojos. Max escuchó de nuevo la voz de Vicky en su cabeza "Lo harás, seguro que lo harás..." como si la capital fuera un lugar formado solo por dos personas ¡Había miles de ellas en la calle! Era peor que buscar una aguja en un pajar.
- Vicky, tienes demasiados pájaros en la cabeza y, sobre todo, has leído demasiadas novelas rosas-murmuró. El viento fue el único que oyó sus palabras.
Últimamente todo había ido cuesta arriba, las cosas se habían ido complicando. Max había cumplido la mayoría de edad hacía apenas un mes y la universidad le había pillado de sorpresa. Traslados, embalajes, libros y libros de miles de páginas, tardes de estudio... no quería ni pararse a pensar que era lo que le iba a venir encima este primer curso. Desde que tenía uso de razón la universidad había sido para él un miedo que no era capaz de quitarse de la cabeza. Era cierto que no le había costado demasiadas tardes sacar la selectividad, pero el corazón se le aceleraba cada vez que pensaba en noches a la luz del flexo, quedarse estudiando hasta las tantas de la madrugada.
Era demasiado vago.
El estómago del chico rugió, pidiéndole una merienda. Giró la cabeza hacia la derecha y se encontró con la tienda de los hermanos Williams, un pequeño almacén donde podías encontrar desde recambio para las fregonas hasta baterías para coches tele-dirigidos. Al abrir la puerta las campanillas sonaron y varios rostros se giraron para ver quien entraba.
9 oct 2010
Tengo sonrisas y marionetas encerradas en cajas de cartón.
Se aproxima el invierno y la lluvia repiquetea contra mi cristal.
Escribo con lápiz de grafito historias que nadie debería contar, sueños que deberían guardarse en baúles llenos de polvo, escondidos en la buhardilla. El tiempo allá fuera parece congelado y las manillas del reloj se han parado a las doce y cuarto. Ya no suena ningún tic, tac. No recuerdo las tardes de abril ni las flores de pétalos rosados. Hace tiempo que el color del verano se desvaneció y los colores fríos reemplazaron a los cálidos.
La nieve cae
sobre el techo rojo
de esta casa con fachada blanca.
Lo que siento y lo que digo lo guardo en tarritos de cristal con tapas de chapa que he conseguido de la mermelada que tengo en los armarios de la cocina. Tengo también sonrisas y marionetas de esta vida encerradas en cajas de cartón, que tienen escrito a bolígrafo negro palabras extrañas que espero no olvidar nunca
porque son tan bonitas
porque son tan bonitas
que me hacen llorar.
6 oct 2010
Dreamer dreams (Sueños de soñador)
No habrá lágrimas en las tardes de otoño.
Sonrisas.
Ni secretos, ni mentiras. Ni arrugas en la piel.
Solo felicidad.
Sonrisas.
- Hay que vivir la vida- me dijiste meciéndote en la maca. Entonces no te entendí.
- Todo el mundo vive-enarqué una ceja- sino no seríamos seres humanos, sino... no existiríamos.
- Sobrevivir no es vivir. Vivir es amar las cosas. Vivir es respirar y sentirte agraciado por ello. Oler a hojas caídas de otoño. Soñar. Hablar y en vez de palabras descubrir relatos que nadie ha escuchado. Vivir es...-cerraste los ojos-... algo tan simple y perfecto que encanta. Comer y hablar de cosas sin importancia, reír, soltar carcajadas junto a alguien, abrazarse durante miles de minutos sin importarnos que el tiempo pase.
- Pero no tiene ni pies ni cabezas. No hay orden... ni beneficios.
- Tal vez- miró hacia el cielo- pero es eso, justamente eso, lo maravilloso de todo esto.
No habrá lágrimas en las tardes de otoño.
Ni secretos, ni mentiras. Ni arrugas en la piel.
Solo felicidad.
3 oct 2010
#5- La chica del paraguas azul
"¿Quién es esa, la chica del paraguas azul?"
¿Cuales son sus sueños?
¿Qué es lo que oculta?
Cuando la realidad se convierte en irrealidad y los sueños en pesadillas aparece ella... y todo lo que conociste deja de existir.
***
Vicky clavó sus ojos sobre él. Una sonrisa empezó a esbozarse en su rostro.
- ¿Quién es? ¿Se fijó ella en ti o tú te fijaste en ella?
- No ocurrió nada. Ni yo me fijé en ella ni ella se fijó en mi.
- Mientes. Tus ojos dicen lo contrario.
Max se dejó caer en el sofá, que lo acogió cual bebé en su cuna. Se quitó el chaquetón que le había protegido del frío de la mañana y lo dejó en el posa-brazos, a la espera de alguien que lo recogiese. El chico cerró los ojos y se pasó una mano por el pelo crespo y oscuro. No había forma de ocultar aquello que se había propuesto no contar. Notó como su mejor amiga se sentaba a su lado y le escrutaba.
- ¿Y bien?- esperaba una respuesta, pero Max no estaba seguro de nada.
- Yo buscaba el chocolate... fue muy ridículo. No lo encontraba y una chica de película se acercó a mí y me dijo donde estaba. Tenía una sonrisa, las palabras sonaban tan perfectas que, bueno, yo...
- Te quedaste embelesado, vamos.
- Algo así, sí...
- Aún estás en estado de shock- rió Vicky, pegándole un pequeño empujón- definitavemente te has enamorado, chico. Sé lo que es sentir algo tan intenso por una persona. Es lo que me pasa a mí con Charl.
Max se tapó el rostro con sendas manos e intentó que su respiración volviera a la normalidad, pero no fue capaz.
- Eso es absurdo. Todos sabemos que no existe el amor a primera vista. Además ella ni siquiera se fijó en mí. Debí de parecerle incluso ridículo. Lo tuyo con Charl no es lo mismo, lleváis juntos desde la infancia, él te quiere y tú le quieres, es mucho más fácil, es natural. Lo mío es absurdo. Seguramente no la vuelva a ver.
- No seas tan negativo.
- No soy negativo, soy objetivo, palabra que no encaja en tu definición.
- En mi definición no encaja ninguna palabra-sonrió Vicky- porque mi definición es inexacta. Completamente y perfectamente inexacta.
Muchísimas gracias por los 5 premios que he recibido
y que podéis ver ya. En la próxima entrada de tres
mariposas y media diré como se hace para
que no puedan copiar el texto.
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