26 jul 2010

Blanco y negro... del color de miles de arco iris.

Todas las demás partes (las seis restantes) las puedes encontrar aquí. Esta es la última... Gracias por colaborar con 21 estupendos votos en la encuesta para ayudarme a decidir el final. Aunque ha habido dos opciones reñidas, al final se ha impuesto la del final abierto, pero como son muchos los que quieren uno feliz, no les voy a dejar con las ganas. Aquí el resultado de las encuestas.

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Lo vio perderse tras la puerta. Creyó también distinguir la figura de una mujer perfecta, frágil y débil, con esos bucles de los años de la guerra. Cuando la mujer no era más que una mujer. Margueritte sintió una lástima repentina. Por él y por ella. Él creía tener el amor verdadero, un amor que podía manejar a su antojo. Ella creía tener la mayor fortuna del mundo: el hombre no, su dinero. 
Ambas siluetas desaparecieron y, pasados varios segundos, otra se contorneó. Era mucho más pequeña, mucho más infantil y mucho más inocente. David apremió a su madre. Ni siquiera se había dado cuenta de que, apenas dos segundos antes, su padre le había rozado el hombro. Aquel padre que no pudo ni siquiera conocer. 

- ¡Venga mamá, venga!- corrió hacia ella y le tiró de la manga- que aún tengo que cambiarme... - Margueritte despertó de su sopor y le sonrió. 
- Por supuesto cariño, me pareció ver a alguien que conocía... pero ha sido solo un error. 
Vio como David corría de nuevo hacia dentro del edificio y se perdía escaleras abajo hacia los vestuarios. La chica miró hacia el cielo, un cielo con pocas nubes, celeste y con un bonito arco iris de colores. 

En la vida de Margueritte no existe el silencio, ni las lágrimas, ni la lluvia gris que te deja mojada.
Ni ahora, ni nunca, nunca jamás.

23 jul 2010

Cero.

Siempre es difícil empezar, mera aclaración: empezar de cero. Creemos conocernos y tropezamos siempre con la misma piedra.
Una simple conversación en algún lugar de la casa...
- Mañana te toca a tí sacar a el perro.
- No es a el perro, es al perro. 
- Tú y tu estúpida gramática. Tú y tus letras absurdas ¿te importaría ocuparte un poco más de mí?
- Ya lo hago. 
- Pues no lo creo. Al menos yo no me doy cuenta. 
- Tu no te das cuenta de muchas cosas.
Siguió lavando los platos. La espuma resbaló y cayó en el fregadero. Poco después se convertía en agua.

(imagen de etringita)

21 jul 2010

Blanco y negro rojizo.

¿No te has leído los demás? Pues aquí los tienes: Azul, Naranja, Verde, Violeta, Amarillo. Recuerda que después de este solamente hay un relato más... y que si quieres participar en él, puedes votar en la encuesta de la derecha. 

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Pasos indecisos. Ahora las botas rojas que llevaba incluso le parecieron incómodas. Ahora se creía y se veía como una niña en un mundo de adultos. Una niña que había querido ir demasiado rápido, tal vez. Probablemente era eso lo que pensaban todo, pese a que no fuera la realidad. 
Aunque no quería llegar tarde al campeonato, algo le empujaba a seguir hacia delante, hacia aquella figura que todavía no había reparado en ella. Se preguntó si, a aquellas alturas de ambas vidas, una conversación pudiera ser lo más adecuado, si no se reabrirían las heridas, si los malos momentos cruzarían por su cabeza de nuevo. Los pocos metros que les separaban se hicieron eternos. Margueritte pudo pensar millones de cosas en apenas treinta segundos. ¿Cómo reaccionaría? ¿Se quedaría impertérrito? No tenía ninguna respuesta a aquella pregunta, pero solamente por unos instantes. Unos instantes que durarían poco. Respiró hondo, aspirando el aire húmedo de su alrededor y empezó a hablar. Al principio fueron solo palabras huecas que ni siquiera ella entendía. Las lanzaba sin ton ni son. 
- Hola.
- ¡Hola!- esa maldita sonrisa falsa- ¿qué haces aquí?
Y esas conversaciones típicas de ex que todos hemos oído alguna vez. Hablaban, pero no decían nada. Muecas forzadas, cambiar el pie de peso continuamente, toser, mirar la hora... 
- ¿Y estás sola?- con ojos como rendijas. Estaca clavada. 
Maldito idiota. 
Otra sonrisa. 
Se metió las manos en los bolsillos de atrás. 
Se encogió de hombros.
- Bueno, si lo quieres ver así... no estoy sola, tengo a mí hijo. 

Margueritte recordó su vida de antes. Y le pareció imposible. Se vio como una tonta engañada. Recordó también toda aquella maldita perfección que solamente ella se creía. ¿Cómo alguien puede cambiar tu vida tanto?
Pensó en los silencios, en las lágrimas, en las sonrisas verdaderas, en las ganas de vivir y de seguir hacia delante, en la curiosidad, en los paseos a orillas del mar en la playa, en las puestas de sol cogidos de la mano, en los besos cortos, en los besos largos. Pensó en las claves de sol de la radio, encendida a las doce de la noche, en Can't buy Me Love... aquella canción que tantas veces había escuchado mientras el sueño la acompañaba... 
Y pensó que era lo que había intentado hacerse creer. Que no podían comprarle. Ni con mentiras, con caricias falsas y con miles de regalos. 
Se equivocó, se equivocaba. 
No pensaba cometer otra vez el mismo error.

20 jul 2010

Justo desde Canelones.

Un 2 de Abril de 1939, desde la estación de trenes de Canelones. Uruguay.
Sin remitente. Hacia una España que no vale la pena.

¿Cómo va por allí, Marcos?
Aquí ya te echo de menos. El rumor de las olas, las dunas de arena llenas de hierbajos, los pantalones cortos y los pies descalzos... todo me recuerda a ti. Canelones no es una ciudad cualquiera. Aún hoy, después de tantas visitas, después de tantas ansias y tantas esperas, me gusta sentarme en los asientos roídos de la estación. Allí saco mi libreta y escribo, escribo todo lo que se me pasa por la cabeza. Las tardes de primavera del pasado Marzo, donde contábamos trenes aquí, sentados un poco más allá, entre aquellos dos abetos que aún se pueden distinguir en la maleza.
Aunque no está abandonada, esta estación yace medio muerta. Es una de las pocas que han logrado sobrevivir al paso de los años, aunque como en cualquier ser humano se notan las diferencias. Las paredes ya no son blancas, el reloj que daba las doce en punto se ha parado de repente. Las voces se han congelado. No se oye el sonido agudo del tren a su llegada, ni la voz de esa mujer que siempre llevaba una flor roja enorme en la pamela ¿la recuerdas? Cogía el tren todos los viernes por la tarde, de regreso a casa. Ni que decir del vendedor de cupones, ahora quedara reducido a nada. Desde que tengo consciencia, lo veo pasearse por la estación, con sus zapatos de claqué, de esos que ya ni siquiera se llevan. Sus pasos parecían un baile descompasado, un hombre cuyo destino se había perdido entre raíles. Hay muchas personas que formaron la estación, que la animaban y la convertían en otra cosa. Ahora eso ya no existe. El todo y el nada, aquello de lo que siempre habíamos hablado.
¿Cómo pueden cambiar las cosas en tan poco tiempo, Marcos? ¿Cómo puede convertirse la vida perfecta en un suplicio, en un mundo de heridas abiertas? Allí terminó ¿no? Eso dicen todos. Pero tú no sabes decir si es realidad eso de que acaba.
Aún hay que arreglar muchas cosas en este mundo, aún hay que dar muchos pasos hacia delante. Huí de allí y me encuentro aquí ahora, escribiéndote desde la estación de Canelones, sentada donde tu y yo, hace ya varios meses. Casi como si fueran años.

19 jul 2010

Llovió sobre mojado...

Las alcantarillas vomitaban agua. El centro de la ciudad era un hervidero de gente. Calor en el metro, olor a suciedad. Paraguas mojados, chubasqueros y calcetines altos. Botas de agua y chapoteos. Colapso delante de la parada del autobús. ¿Riego por aspersión o por goteo?
Camisas mojadas, mares de agua sin playas, arena, sin sol. Solo nubes grises.
Teresa corre. A cámara lenta los charcos se deforman cada vez que pasa sobre ellos. El impermeable negro parece no servir de nada. Va calada hasta los huesos. El gorro resbala y cae, el pelo se le moja de nuevo. Ahora yace pegado a la piel, caído y muerto. Las luces rojas de los coches se confunden con velas encendidas, los semáforos danzan un vals de colores que nadie alcanza a ver. Las luces se distorsionan y se convierten en líneas fluorescentes. Teresa corre, y llega a la puerta de su casa. Busca las llaves en el bolsillo. Resbalan y caen sobre el suelo. Al agacharse, Teresa puede ver su rostro pálido y medio muerto. Sin ganas de nada. La estufa le espera dentro. Los movimientos se ralentizan. Abre la puerta. Entra. Enciende la estufa. Crepita el fuego e ilumina la estancia.
Un buen chocolate caliente, procurando no ser derramado sobre la alfombra roja. Sobre la moqueta blanca.

12 jul 2010

Blanco y negro amarillento.

-Españaa- Aquí en pequeñito...
Por cierto, un seguidor más... hurra.
Esta claro que continuaré la historia porque no se puede quedar así, aunque está bien dejaros con la intriga ¿no?

¿No has leído lo anterior? Aquí...Para las demás

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Esa mañana el cielo se tornó oscuro de repente, y las nubes grises a Margueritte le recordaron días que deseaba borrar de su mente. Aún así, cerró los ojos e intentó que las malas sensaciones y los falsos presagios se fueran y dejaran paso a la felicidad que verdaderamente sentía.
- Ya hemos llegado- murmuró, como si intentara convencerse de ello. Miró a su hijo de reojo y una oleada de imágenes acudió a su cabeza. Asió su bolso negro y sus uñas se tornaron pálidas y blanquecinas. Cerró los ojos y levantó la cabeza hacia el cielo, las nubes pasaban sobre ella sin prisas.
- Venga David, al vestuario- y mientras hablaba sus ojos otearon su alrededor. El césped verde y recién regado le dañó a los ojos. Sus pupilas sobrevolaron rostros llenos de arrugas, pelos teñidos de rubio, pelos sin teñir y blancos. Faldas negras y ajustadas, tacones que no hacían a la gente más alta y labios sin gloss. Vio a personas que bien podían haber sido sus padres, incluso creyó distinguir a su profesor de Física, perdido entre los árboles que daban paso al bosque. Pero no pudo reparar demasiado tiempo en ellos.
David miró a su madre compungido.
- Venga mamá, el campeonato comenzará antes de media hora- y antes de que nadie pudiera responder, ya se había perdido tras la puerta opaca.
Margueritte, en cambio, quedaba sola en medio del parque, rodeada de hojas del reciente otoño, mirando a un punto determinado. Mirándolo a él.
No era posible.
No era posible.
No era posible.

11 jul 2010

Blanco y negro violáceo

Gracias por los 42 seguidores (hay dos que no se ven arriba). Muchos besos, de verdad. Ya que querían una cuarta parte de esto, allá va. Para la 1ª, para la 2ª, para la 3ª...
-Alicia Alina va pensando una quinta parte...-

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David se arrellana en su asiento. Suspira. Margueritte le mira confundida, le toma de la mano y nota el pulso acelerado que llega desde su corazón, un boom boom, continuo.

- La señorita me ha dicho que si quiero participar en el campeonato de natación. Será el viernes, este no, el siguiente- aclara, sonriendo- e irán muchísimas personas.

Margueritte sonríe y se siente orgullosa. Orgullosa no por ella, si no por las oportunidades que ha ella nadie pudo blindarle. Claro que acompañará a su hijo a la competición, claro que gritará y dará enormes saltos de alegría. Claro que hará fotos y se las enseñará a todos sus amigos. Como cualquier madre hace con su hijo. ¿Por qué debía de ser ella diferente? Estaba cansada de arrastrar una familia que, durante mucho tiempo, había creído rota, de ver llorar a su hijo y de verse llorar a ella delante del espejo. Lágrimas cristalinas resbalaban por su piel. ¿Por qué debía de ser ella diferente a las demás madres que acompañaban a sus hijos a la escuela? ¿Era acaso, por sus caderas, o por sus faldas, o por su rostro- bendita juventud-? ¿Era por no tener arrugas en la piel, ni unos labios pálidos, ni unos ojos cansados?

- No te preocupes, cariño. Ese viernes lo tengo libre. Si quieres te llevo en coche.

7 jul 2010

Siluetas en un amanecer (Relatos dedicados a imágenes IX)


Imagen de Andres Sañudo.

No somos más que dos personas en un
mundo cualquiera que
nos preguntamos el porqué de
nuestra mera existencia.
Ahora me ves y no recuerda nada de lo que nos sucedió. Ahora me ves y ni siquiera te preguntas que fue lo que pudo suceder en aquel remoto y pasado viaje a África. Yo, en cambio, cada vez que diviso tus ojos, tu agonía, tus nervios y tus ganas, regreso a un pasado que nunca querré olvidar.
Aquel cielo sin estrellas, sobre árboles muertos
y rancios, apunto de caer en una hierba
mustia y francamente inexistente
Sobrevolamos jirafas con manchas marrones, de cuerpos esbeltos y cuellos altos. Sobrevolamos jardines inventados que nuestros ojos no son capaces de ver. También rinocerontes, leones que gritan ¡libertad! en forma de un rugido infernal y temerario. Al menos es eso lo que imaginamos.
Y me encuentro de tu mano
observando un paisaje que probablemente
no vaya a volver a ver
jamás.

6 jul 2010

Luz roja. Luz verde.

El metro de Madrid pitó al entrar en la estación. Una voz virtual anunció la llegada y la salida, la parada Sol esperaba muerta de sed a mitad del verano. Cogió
las maletas, subió las escaleras y resopló. Cansancio y heridas. Cerró los ojos mientras la avalancha de personas pasaban a su alrededor, humanidad inexistente ante ella.
El sol se empezó a infiltrar en un horizonte que apenas se distinguía. La luz se esparcía melancólicamente y el cielo se tornaba rosa. Las nubes eran ese algodón dulce de ferias que se te queda adherido a las manos. Y poco a poco las luces de
la farolas, titubeante, nacieron otro día más, para alumbrar una noche seca y calurosa, donde la luna era solo un adorno en un cielo en el que no existían las estrellas.
Se enciende la luz de un edificio. De otro. Casi como intentaran crear un compás, un orden metódico.
Llegó al hotel, la puerta giratoria no se molestó en darle la bienvenida, el secretario, pegado al ordenador, tampoco. Solamente se oía el resonar de las ruedas de plástico sobre la típica moqueta. Llamó al ascensor. Luz verde. Entró en el ascensor, y la puerta se cerró con un sonido estridente y metálico. Luz roja. Suspiros. Suspiros. Suspiros. Suspiros. Salió del ascensor. Luz verde. Rebuscó entre sus bolsillos la tarjeta del cuarto, y la encontró junto a varios envoltorios de chicle sin azúcar. La m
etió. Luz roja. La sacó y la colocó correctamente. Luz verde. Los colores se confundían ante ella, una mezcla extraña, como un cielo encapotado justo antes de la tormenta.
Dejó la maleta junto al espejo colgado de la pared llena de estampados y se tumbó en la cama, sobre un edredón que olía a madera y a hollín.
El sonido de un piano afinado se coló por su ventana.

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Bueno, aquí os traigo un juego que para mi gusto es precioso y que vi en una web, una buena idea que pienso poner en práctica ahora mismo:


Las reglas del juego son:

- Coge el libro más cercano que tengas.
- Abrelo por la página 180 (en el caso de que tuviera menos, ábrelo al azar y sigue con la siguiente regla).
- Escribe el 1er párrafo que encuentres (desde el primer punto y a parte que haya)
- Escríbelo en tu blog (si es muy largo escribe la mitad, y si es muy corto puedes escribir un poco más. Depende de lo que quieras desvelar. Es una regla flexible ^_^) Si no tienes blog puedes publicarlo en los comentarios de esta entrada!!
- Poned el libro que es y el autor/a.

Bueno, pues eso, aquí os dejo el mío:

LA LADRONA DE LIBROS
Markus Zusak


"Esa mañana en concreto, poco antes de salir, el sargente Stephan Schneider entró tranquilamente en los dormitorios y reclamó la atención de todo el mundo. Era popular entre los hombres por su sentido del humor y por sus bromas, pero aún más por no ir jamás detrás de nadie en las líneas de fuego. Él siempre era el primero. Había días que entraba en el barracón donde descansaban los hombres y decía así como: ¿Hay por ahí alguien de Pasing? o: ¿A quién se le dan bien las matemáticas? [...] Después de la primera vez que entró a preguntar, nadie volvió a prestarse voluntario. Ese día, un joven [...] llamado Philipp Schlink se levantó con gallardía y le respondió a la llamada:
- Si señor, yo soy de Pasing - a lo que, sin más, el sargento le tendió un cepillo de dientes y le ordenó que limpiara las letrinas"

5 jul 2010

De amor y esperanza

Que va todo siempre de lo mismo, repetimos:
Lo mismo.
Hacen eco las palabras, resuenan una y otra vez, permanentes, nos cansan, hacen daño a los oídos, nos convertimos en marionetas manejadas.
Lo mismo.
Y es que hablamos de lo mismo, que ya casi no queda esperanza. Tu haces y yo hago eso, y eso se convierte en nada.
Lo mismo.
Hay dolor, hay agonía, sufrimiento en un pozo negro sin fondo y lleno de estrazas con letras de tinta corrida y mojada, palabras perdidas para siempre.
Lo mismo.
Desazón poca esperanza. Amor reducido a gloria falsa. Tu amor es mi amor es el mismo amor de todos, sin diferencias, sin peculiaridades, el amor son copiar reproducidas de forma exacta.
Lo mismo.
Y ya es que hasta te cansa repetir siempre las mismas palabras, andar por las calles como lo hacen los demás, vestir como lo hacen los demás, hablar como lo hacen los demás. Reiterada agonía, vida igual. Caemos en rutina diaria.
Lo mismo.
¡Hay siempre lo mismo! Que lo que antes eras tú, con tu pelo rubio, encrespado, con tu pelo negro y lacio, con tus ojos grises, con tus ojos pardos, ahora es una sombra, algo indiferente, imposible de diferenciar de los demás.
Lo mismo.

4 jul 2010

Y la infancia corrió hacia las estrellas...

Muchísimas gracias por confiar en mí, y porque ya hay 31 seguidores y casi casi 2.300 visitas, que ni siquiera me lo creo. Espero no defraudaros.

(una especie de reflexión...)

El mundo se tornó oscuro de repente. La oscuridad se hizo patente. La luz adquirió un tono grisáceo, pero solo por unos momentos...
Como escuchar una película sin voz, a cámara lenta, volvió el sonido, las luces, los milagros, los colores, el ajetreo, los ruidos de coches pitando. Salimos de esa burbuja en la que nos encontrábamos, pusimos los pies en el suelo. Abrimos los ojos, vimos las cosas de otro color, de otra forma, desde otro punto de vista.
Llamadlo como deseéis, pero adquirimos perspectiva.
Leí una vez, en algún lado, que no nos acordamos de cosas que nos sucedieron de pequeños porque nuestro punto de vista había cambiado y no éramos capaces de mirarlo como antaño.
Descubrimos cosas nuevas, y otras se nos escaparon de las manos... hay tantas cosas que contar, tantas cosas que narrar, que hasta se nos hace pesado, y el tiempo se nos escapa de las manos, se nos va...
casi
sin
que
nos
demos
cuenta.